Omar Cervantes y la escuela de Tlajomulco
La soberanía de una nación también se construye en sus universidades, sus laboratorios y su capacidad para producir conocimiento. Un país que depende de otros para desarrollar tecnología limita sus posibilidades de decidir sobre su economía, su seguridad y su futuro. Por eso, la política científica impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum y conducida por la secretaria Rosaura Ruiz merece reconocimiento: coloca el conocimiento entre las responsabilidades centrales del Estado y lo vincula con las necesidades de México.
Tiene un profundo significado que esta transformación sea encabezada por una presidenta científica. Claudia Sheinbaum conoce el trabajo de investigación, la formación universitaria y la disciplina que exige convertir una pregunta en conocimiento comprobable. Su doctorado en ingeniería en energía forma parte de una trayectoria que permite comprender la relevancia de invertir en capacidades científicas propias. Esa experiencia representa una fortaleza para un gobierno que busca articular desarrollo tecnológico y bienestar social.
La decisión de dar rango de secretaría a la ciencia, las humanidades, la tecnología y la innovación expresa una prioridad política. El conocimiento adquiere un lugar de mayor responsabilidad dentro del gobierno y una vía para participar en la solución de los grandes problemas nacionales. Bajo la conducción de Rosaura Ruiz, esta orientación promueve la colaboración entre instituciones y comunidades académicas alrededor de objetivos compartidos.
Los avances presentados por la SECIHTI permiten apreciar la dimensión de este esfuerzo. El incremento de 111% en los recursos destinados a proyectos científicos y tecnológicos durante 2026 constituye una señal concreta de respaldo a la investigación. Conviene precisar su alcance: corresponde a los recursos para proyectos, cuya expansión abre oportunidades para que el talento mexicano disponga de mejores condiciones de trabajo. La voluntad de impulsar la ciencia adquiere credibilidad cuando se acompaña de financiamiento.
Los aproximadamente 48 mil integrantes del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores y las cerca de 100 mil becas vigentes, reportados entre estos avances, representan una base humana de enorme valor. Detrás de esas cifras hay trayectorias, vocaciones y años de preparación. Respaldarlas significa reconocer que México necesita formar especialistas y ofrecerles condiciones para aportar al desarrollo nacional. Cada joven que puede continuar sus estudios amplía nuestras posibilidades de resolver problemas con conocimiento propio.




