¡¡¡PLOP!!!
Muerte y Vida
El realismo filosófico sostiene que la realidad existe independientemente de nuestros deseos o temores. Las cosas son lo que son. La muerte, por tanto, no depende de nuestras opiniones. Podemos negarla, ignorarla o temerla, pero seguirá formando parte de la vida.
En la tradición de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, el ser humano es una unidad de cuerpo y alma. La muerte consiste en la separación de ambos. No es solamente un fenómeno biológico. Es un acontecimiento que afecta a toda la persona y que invita a reflexionar sobre el sentido de la existencia.
Sin embargo, el realismo no contempla la muerte con desesperación. La considera una realidad natural que ayuda a comprender mejor el valor de la vida. Quien sabe que su tiempo es limitado aprende a valorar más cada día, cada amistad y cada oportunidad de hacer el bien.
Las últimas décadas han mostrado con fuerza la vulnerabilidad humana.
La guerra entre Rusia y Ucrania ha dejado miles de víctimas y millones de desplazados. En Medio Oriente, el conflicto entre Israel y Hamás ha provocado una profunda crisis humanitaria. En diversas regiones de África continúan enfrentamientos armados que reciben poca atención mediática, pero que afectan a millones de personas.
Al mismo tiempo, la pandemia de COVID-19 recordó al mundo entero que la salud puede cambiar de manera repentina. Millones de familias experimentaron la enfermedad, la pérdida de seres queridos y la incertidumbre. Años después, los sistemas sanitarios siguen aprendiendo de aquella experiencia.
La violencia también golpea a muchas sociedades. En América Latina, numerosas comunidades viven bajo la amenaza del crimen organizado. En distintas ciudades del mundo aumentan los problemas relacionados con la inseguridad, las adicciones o la violencia social. Las noticias diarias parecen mostrar un escenario dominado por el miedo.
Ante estas realidades, surge una pregunta inevitable: ¿cómo vivir bien cuando el sufrimiento está tan presente?
La filosofía realista ofrece una respuesta profunda y práctica.
El realista no huye de los problemas. No se refugia en fantasías. Tampoco niega el dolor.
Reconoce que existen las guerras, las enfermedades y la violencia. Pero también reconoce que existen la solidaridad, el sacrificio, la amistad y el amor.
Durante la pandemia, por ejemplo, miles de médicos y enfermeras arriesgaron su vida para servir a otros. En medio de los conflictos armados, muchas personas continúan ayudando a los desplazados y a las víctimas. Incluso en contextos de violencia cotidiana aparecen gestos de generosidad extraordinaria.
El realismo enseña a contemplar toda la realidad, no solamente sus aspectos negativos.
Una consecuencia frecuente de las malas noticias es el pesimismo.
Algunas personas llegan a convencerse de que todo está mal y de que el futuro carece de esperanza. El realismo rechaza esta actitud porque no corresponde a la realidad completa.
Es cierto que existe el mal. Pero también existe el bien.
Es cierto que existe la muerte. Pero también existe la vida.
Es cierto que hay violencia. Pero también hay personas que dedican su existencia a construir la paz.
La esperanza realista no nace de ignorar los problemas. Nace de reconocer que el bien sigue siendo posible.
Las guerras internacionales no dependen de una sola persona. Tampoco podemos controlar todas las enfermedades del mundo.
Pero sí podemos decidir cómo actuar.
Podemos educar mejor a nuestros hijos.
Podemos ayudar a un vecino.
Podemos cumplir honestamente nuestro trabajo.
Podemos contribuir a una cultura de respeto.
Esta enseñanza, presente en toda la tradición realista, libera a la persona de una ansiedad inútil. En lugar de desgastarse por aquello que no puede controlar, concentra sus energías en el bien que sí puede realizar.
Para el realismo, una buena vida depende del cultivo de las virtudes.
La prudencia ayuda a tomar decisiones sensatas.
La justicia impulsa a respetar la dignidad de cada persona.
La fortaleza permite enfrentar el sufrimiento sin rendirse.
La templanza ayuda a mantener el equilibrio emocional.
Pensemos en una familia que perdió seres queridos durante la pandemia. La realidad del dolor no desaparece. Pero la fortaleza permite seguir adelante. La prudencia ayuda a reorganizar la vida. La esperanza impulsa a continuar.
Las virtudes no eliminan los problemas. Nos hacen capaces de enfrentarlos.
Nuestra cultura suele evitar hablar de la muerte. Sin embargo, el realismo considera que recordar nuestra finitud puede ser profundamente saludable.
Quien sabe que va a morir entiende que el tiempo es valioso.
Da menos importancia a las discusiones inútiles.
Aprecia más a su familia.
Valora las verdaderas amistades.
Busca dejar una huella positiva.
La conciencia de la muerte actúa como una brújula que ayuda a ordenar las prioridades.
La filosofía realista nos invita a abrir los ojos y contemplar la realidad tal como es. Vivimos en un mundo donde existen guerras como las de Ucrania y Medio Oriente, donde las pandemias han mostrado nuestra fragilidad y donde la violencia sigue afectando a millones de personas. Pero también vivimos en un mundo donde existen la verdad, la solidaridad, la virtud y la esperanza.
Por eso, la respuesta realista no es el miedo ni la desesperación. Es la búsqueda de la verdad, el cultivo de las virtudes y el compromiso con el bien común.
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- Sobre qué escribiste hoy?
- Sobre la vida y la muerte.
- Tu eres experto en eso.
- ¿Por qué?
- ¡¡¡Porque estás muerto en vida !!
¡¡¡




