Agave y tequila
Durante años, Guadalajara y Jalisco tuvieron una relación muy cercana con la música y el arte en el espacio público. Era común encontrarnos con conciertos, festivales y actividades donde artistas locales compartían escenario con proyectos consolidados. Generaciones enteras crecimos escuchando propuestas como Cuca, Forseps, Belanova, Plastiko, Sussie 4 o Golden Ganga, entre muchas otras que demostraron algo que sigue vigente: en Jalisco tenemos muchísimo talento.
A principios de los años dos mil vivimos, además, una etapa que muchos tapatíos todavía recordamos: la cultura salió a las calles. La explanada del Instituto Cultural Cabañas se convirtió en escenario de grandes conciertos gratuitos donde pudimos ver a bandas como Maldita Vecindad, Café Tacvba, o Molotov. Aquello significaba mucho más que escuchar música sin pagar un boleto: era encontrarnos en el espacio público, convivir entre generaciones y entender que disfrutar del arte no tenía que depender de nuestra capacidad económica. Era, en muchos sentidos, una forma de cultura libre: abierta, accesible y compartida por la ciudad.
Creo que es momento de recuperar ese espíritu. No se trata de volver al pasado, sino de recuperar aquello que funcionaba y adaptarlo a la ciudad que somos hoy: una metrópoli mucho más grande, con nuevos públicos, nuevos artistas y nuevas expresiones culturales, pero con la misma necesidad de encontrarnos.
En los últimos meses tuvimos una muestra extraordinaria de lo que puede ocurrir cuando la cultura vuelve a encontrarse con la ciudad. Los grandes eventos realizados durante el Mundial demostraron que tenemos espacios, capacidad institucional, artistas y, sobre todo, una ciudadanía dispuesta a apropiarse positivamente de las calles. Miles de personas pudieron convivir alrededor de la música, el deporte y la cultura de manera ordenada, No deberíamos esperar otro Mundial para volver a vivirlo.
Por eso, desde el Congreso del Estado estamos trabajando en una propuesta que próximamente presentaré y que parte de una idea sencilla: Jalisco necesita vivir nuevamente una gran agenda cultural, permanente, accesible y capaz de llevar el arte a nuestros espacios públicos.
Porque la cultura también construye paz.
Cuando una plaza se llena de música, cuando una familia puede disfrutar gratuitamente de un espectáculo, cuando una niña descubre la danza o un joven encuentra un escenario para tocar con su banda, estamos generando alternativas de convivencia y fortaleciendo nuestra identidad. El arte puede ayudarnos a recuperar espacios, conectar generaciones y construir comunidad.
Pero democratizar la cultura también implica revisar las barreras que hoy dificultan el acceso.
Una de ellas está en la manera en que compramos boletos para conciertos, espectáculos y actividades culturales. Necesitamos abrir la discusión sobre la regulación de las boleteras, particularmente sobre la transparencia en precios, cargos adicionales, condiciones de venta y protección de las personas consumidoras. Acceder a la cultura no debería convertirse en una carrera contra cargos inesperados o prácticas poco claras.
Hay otra idea que vale la pena poner sobre la mesa: ¿y si Jalisco tuviera un fondo cultural que ayudara a más personas a acceder a conciertos, teatro, museos, cine, libros y otras expresiones artísticas?
Imagino un mecanismo que permita generar descuentos y estímulos para acercar la oferta cultural especialmente a jóvenes y a quienes hoy encuentran una barrera económica para participar. No se trata solamente de financiar espectáculos; se trata de invertir en el derecho de las personas a disfrutar y formar parte de la vida cultural de su ciudad.
Y también debemos mirar hacia quienes crean. Una nueva agenda cultural debe significar más espacios para nuestras bandas, artistas, escritores, actores, bailarines, productores y creadores. Tenemos talento jalisciense suficiente para llenar plazas, parques, corredores y escenarios durante todo el año. Lo que necesitamos es construir las condiciones para que pueda encontrarse con su público.
Esta conversación también forma parte de algo más amplio que hemos venido impulsando: el derecho a la ciudad. Una ciudad no solamente debe permitirnos trasladarnos, trabajar o tener una vivienda. También debe permitirnos encontrarnos, expresarnos, divertirnos y construir identidad.
Estoy convencido de que el arte debe estar presente en todas sus expresiones si queremos vivir mejor como sociedad. La música, el teatro, la literatura, la danza, el cine y las artes urbanas no son accesorios de una ciudad: son parte de aquello que le da vida.
Jalisco ya demostró que puede llenar sus calles de cultura. Ahora el reto es que deje de ser excepcional.
Que la cultura vuelva a las calles, que el talento vuelva a encontrarse con su ciudad y que el arte vuelva a ser una herramienta cotidiana para construir comunidad y paz.




