Una presidenta científica, una ciencia para México
Un celular se puede reemplazar. Una cartera también. Incluso aquello que nos costó meses o años comprar puede recuperarse.
La vida, no.
Esa tendría que ser la primera regla de prevención que recordemos cada vez que salimos de casa.
La inseguridad ha provocado que muchas personas modifiquen sus rutinas.
Miramos hacia atrás cuando caminamos, escondemos el teléfono, desconfiamos de quien se acerca y sentimos preocupación cuando nuestros hijos tardan en regresar.
El problema es que no podemos permitir que el miedo termine gobernando nuestra vida cotidiana.
La prevención tiene un propósito distinto: no vivir con miedo, sino aprender a reducir riesgos.
Pensemos en algo que hacemos todos los días.
Vamos en el transporte público, caminamos por la calle o esperamos unos minutos en una parada y, casi por reflejo, sacamos el celular.
Antes de hacerlo podemos adoptar un hábito que apenas toma unos segundos: levantar la mirada.
Observar quién está cerca. Revisar nuestro entorno.
Evitar distraernos completamente cuando estamos en un espacio que no conocemos.
Son acciones pequeñas, pero la prevención muchas veces comienza precisamente ahí.
También debemos hablar de algo todavía más importante: qué hacer cuando el delito ya está ocurriendo.
Ningún teléfono, reloj, cartera o computadora vale más que nuestra integridad.
Ante una situación de riesgo, nuestra prioridad debe ser proteger la vida.
No debemos exponernos innecesariamente intentando defender un objeto que eventualmente podremos recuperar.
Prevenir también significa saber cuándo no ponerse en riesgo.
La seguridad también se construye entre ciudadanos
Durante mucho tiempo hemos pensado que la seguridad es exclusivamente responsabilidad de policías, gobiernos y fiscalías.
Por supuesto que las autoridades tienen una obligación fundamental.
Pero existe otra parte de la seguridad que comienza con nosotros: estar atentos, compartir información útil, reportar situaciones de riesgo y conocer las herramientas disponibles para pedir ayuda.
Por eso necesitamos ciudadanos informados, no ciudadanos aterrorizados.
La información también previene.
En México contamos, por ejemplo, con el 089 para realizar denuncias anónimas.
Conocer y utilizar correctamente los mecanismos institucionales permite que información ciudadana llegue a las autoridades correspondientes.
Desde el Observatorio de Seguridad Ciudadana PRO Méxicoen Jalisco hemos insistido en construir puentes de comunicación entre ciudadanos e instituciones.
Porque una comunidad informada, atenta y organizada puede detectar riesgos antes de que se conviertan en tragedias.
Una red ciudadana fortalecida también es un escudo para prevenir la inseguridad: vecinos que se comunican, personas que reportan y autoridades que reciben información útil para actuar.
La seguridad también se construye entre ciudadanos.




