Puestos y dispuestos, aquí estamos
Tlajomulco, ha sido durante los últimos 16 años uno de los principales laboratorios de innovación gubernamental en Jalisco. Con aciertos y errores, modificó la manera de entender el gobierno desde lo local en Jalisco.
Pero Tlajomulco también ha sido una escuela depolítica y de gobierno en la que se formó una generación de servidores públicos que aprendieronque gobernar no consiste solamente en administrar una estructura burocrática: significa construir instituciones, resolver problemas y mantener contacto permanente con el territorio.
Omar Cervantes Rivera pertenece a esa generación.
Su trayectoria resulta interesante precisamente porque no comenzó en una curul. Antes de llegar al Congreso de Jalisco pasó por distintas responsabilidades en el gobierno de Tlajomulco. Eso significa haber conocido el gobierno desde abajo: las colonias, los liderazgos vecinales, los problemas cotidianos y también las enormes dificultades que existen para convertir una buena idea en una política pública que realmente funcione.
Conozco a Omar desde hace años y he podido observar de cerca una característica que explica buena parte de su trayectoria: le interesa construir equipos, discutir ideas y convertirlas en proyectos. Esa combinación entre política, territorio y capacidad técnica no siempre es común en los espacios legislativos.
Su paso por Tlajomulco también permitió que algunas de esas experiencias trascendieran las fronteras municipales. El modelo de participación y construcción de comunidad fue llevado a espacios académicos y de administración pública, particularmente a los congresos internacionales del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD), con presencia en encuentros realizados en España, Argentina, Colombia y México, además de publicaciones especializadas presentadas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Ahora, desde el Congreso del Estado, ese método comienza a expresarse en otro terreno.
Dos ejemplos me parecen particularmente relevantes.
El primero es Mi Primera Renta, una propuesta dirigida a uno de los problemas que enfrenta una nueva generación de jaliscienses: la dificultad para independizarse ante el creciente costo de la vivienda. La política pública busca facilitar ese primer paso mediante mecanismos de apoyo económico para quienes intentan rentar por primera vez.
El segundo es Jale Seguro, una propuesta que vincula capacitación, empleabilidad y sector productivo para enfrentar otro problema estructural: miles de jóvenes que estudian o terminan sus estudios, pero encuentran enormes dificultades para incorporarse al mercado laboral formal.
Lo interesante de ambos casos no es solamente que hayan nacido como propuestas legislativas. Lo verdaderamente importante es cuando una iniciativa consigue abandonar el papel, dialogar con el Ejecutivo, encontrar presupuesto y convertirse en una acción de gobierno.
Durante demasiado tiempo hemos evaluado a los legisladores por el número de iniciativas presentadas, las intervenciones en tribuna o la cantidad de reflectores acumulados. Pero quizá tendríamos que empezar a medirlos también por su capacidad para resolver problemas.
El Segundo Informe de Actividades de Omar Cervantes permite observar precisamente esa transición: del funcionario municipal formado en las calles de Tlajomulco al legislador que intenta trasladar ese aprendizaje al diseño de políticas públicas para Jalisco.
Por supuesto, todavía queda camino. La segunda mitad de la legislatura será determinante para consolidar nuevos proyectos y agendas. Pero hay algo que vale la pena reconocer.
En tiempos donde la política suele premiar más el ruido que los resultados, recuperar el método importa.
Omar salió de Tlajomulco rumbo al Congreso, pero nunca dejó atrás ni al municipio ni aquella escuela. Porque en política se puede cambiar de responsabilidad, pero difícilmente se abandona el territorio donde se aprendió a gobernar.




