Nada personal
¿Iturbide, Padre de la Patria?
Cuando se pregunta quién consumó la Independencia de México, la respuesta histórica es clara: Agustín de Iturbide. Fue él quien, junto con Vicente Guerrero, impulsó el Plan de Iguala, logró la unión de fuerzas realistas e insurgentes y entró triunfalmente a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. Sin embargo, cuando se habla del "Padre de la Patria", el nombre que suele aparecer es el de Miguel Hidalgo y Costilla. ¿Por qué ocurrió esto?
La razón principal no se encuentra solamente en los hechos históricos, sino en la forma en que la nación decidió construir su memoria. Hidalgo fue quien inició la lucha armada en 1810 y simbolizó el despertar de la conciencia nacional. Iturbide, en cambio, aunque logró la consumación de la independencia, terminó convirtiéndose en emperador en 1822. Su gobierno fue breve, polémico y terminó con su caída y exilio.
Durante gran parte del siglo XIX, los grupos políticos liberales y republicanos fueron adquiriendo cada vez más fuerza. Para ellos, Iturbide representaba la monarquía y el centralismo, mientras que Hidalgo, Morelos y Guerrero podían presentarse como símbolos más compatibles con la idea de una república. Como consecuencia, la historia oficial fue exaltando a unos héroes y relegando a otros.
Paradójicamente, México terminó celebrando con gran entusiasmo el inicio de la Independencia cada 16 de septiembre, mientras que la consumación del proceso el 27 de septiembre recibió mucha menos atención. Así, el hombre que logró el objetivo final quedó parcialmente eclipsado por quienes comenzaron la lucha.
El costo psicológico de olvidar a un héroe
La memoria colectiva cumple una función importante en la identidad de los pueblos. Cuando una sociedad percibe que ciertos personajes son ignorados, marginados o tratados injustamente, puede surgir una sensación de incongruencia histórica.
En términos psicológicos, esto puede generar varios efectos:
Además, cuando los héroes se presentan como figuras totalmente buenas o totalmente malas, se empobrece la comprensión histórica. Los pueblos maduran cuando aprenden a reconocer tanto los aciertos como los errores de sus protagonistas.
En el caso de Iturbide, muchos mexicanos descubren con sorpresa que el consumador de la Independencia rara vez ocupa el mismo lugar en los libros de texto, monumentos o celebraciones nacionales que otros personajes del movimiento independentista. Esta omisión puede transmitir la idea de que la historia depende más de las victorias políticas posteriores que de una valoración equilibrada de los hechos.
¿Qué podría hacerse?
Corregir esta situación no significa desplazar a Hidalgo, Morelos o Guerrero, sino enriquecer la visión histórica.
Algunas acciones podrían ser:
Una memoria más justa
La grandeza de una nación no consiste en fabricar héroes perfectos, sino en comprender a sus personajes históricos en toda su complejidad. Hidalgo seguirá siendo el iniciador de la Independencia, Morelos uno de sus grandes organizadores y Guerrero un protagonista fundamental. Pero también es difícil negar que Agustín de Iturbide desempeñó un papel decisivo en la culminación del proceso.
Quizá la pregunta no debería ser quién merece exclusivamente el título de "Padre de la Patria", sino si México está dispuesto a reconocer que su independencia fue obra de muchos actores. Una memoria histórica madura no elimina héroes; los comprende mejor y les da a cada uno el lugar que le corresponde.
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En el panteón de los héroes mexicanos, Hidalgo le pregunta a Iturbide:
—Oye, Agustín, ¿ya te reconocieron como Padre de la Patria?
Y Iturbide responde:
—Todavía no.
—¿Pero no fuiste tú quien consumó la Independencia?
—Sí.
—¿Entraste triunfante a la Ciudad de México?
—Sí.
—¿Lograste que España dejara de gobernar el país?
—También.
—Entonces, ¿por qué no te reconocen?
—Porque en México es como en los trabajos en equipo: unos hacen la introducción, otros la conclusión... ¡y al final la calificación se la lleva el que hizo la portada!
¡¡¡PLOP!!!




