Tortas para los tragones
“¿QUÉ TOCA HOY, SÓCRATES?”
Las memorias del llamado Zorro Plateado, escritas de manera onírica por su fiel mayordomo, mezclando diálogos y situaciones ocurridos como parte de la trama de sus películas, conforman una lectura muy disfrutable que nos rememora la filmografía del seductor personaje conocido por todos como Mauricio Garcés, ícono del galán en el cine nacional, pero que también nos permite conocer al actor detrás del mito, cuyo verdadero nombre era Mauricio Feres Yázbek.
Al invitarme mi querido amigo el escritor y músico Alejandro Aquino, autor de la obra, a presentar su libro “¿Qué toca hoy Sócrates?”, en Guadalajara, Jalisco, desde luego que acepté gustoso, por saludarlo nuevamente después de más de 30 años de no vernos, pero también por los entrañables recuerdos que me traían a mi memoria las películas de Mauricio Garcés, por lo que, tan pronto tuve el libro en mis manos, me di a la tarea de revisitar parte del acervo cinematográfico de este personaje, a la par de dar lectura al fascinante texto.
Fue así que, de la mano de Sócrates, que fue interpretado en varios largometrajes por Luis Manuel Pelayo, fui conociendo la verdadera historia de Garcés, jaibo de origen, pero de ascendencia libanesa, quien nació en el puerto de Tampico, Tamaulipas, en 1926, siendo el menor de tres hermanos y quien debutara en una película con un pequeño papel al lado de la bella Miroslava, en los inicios de la época de oro del cine mexicano, con cintas todavía en blanco y negro.
Aunque a lo largo de su carrera artística, tanto en cine, como en teatro y la televisión, alternó con mujeres hermosísimas, él mismo confesó que sólo se enamoró de dos: Silvia Pinal y Ariadne Welter; con quienes nunca llegó al altar, en gran medida, porque su corazón pertenecía a una sola mujer, a su madre Mahiba, que fue siempre su adoración, siendo quien leía los guiones que le enviaban antes aún de que aceptará los proyectos y la que le diseñaba su vestuario, siempre tan característico, con trajes ceñidos, batas de seda fina y gasné como accesorio de distinción.
Alternar la lectura del libro con la revisión de algunas de sus más emblemáticas películas me permitió entender mejor que tras cada seducción, cada enamoramiento, cada nueva conquista, había una parodia en la que el propio Mauricio dejaba una moraleja constante, el verdadero amor vale más que cualquier romance pasajero, siendo este un signo distintivo de su personaje.
Ya fuera en “Modisto de señoras”, donde fingía ser amanerado para seducir a esposas de sujetos adinerados o a bellas modelos, pero en la que se termina enamorando del personaje de Irma Lozano; en “Fray Don Juan”, en la que hizo un doble papel, en el que interpretaba al eterno seductor, pero también a su hermano gemelo sacerdote, sufriendo este último las crudas etílicas y morales de las parrandas de su hermano, resultando al final triunfador el bien; o en “El matrimonio es como el demonio”, en que es hostigado por sus amigos y la sociedad misma para que se case con su pareja, interpretada por Elsa Aguirre, dejando de manifiesto muchos de los estigmas moralistas.
Retomando la lectura del texto, resulta altamente atractivo el ritmo de la prosa, pero también como derrumba mitos, como el de la palabra “arroooz”, que decía cuando ya la conquista era inminente, la cual se tenía la creencia de que significaba “zorra”, al revés, haciendo alusión al personaje femenino en cuestión y que el libro aclara que era más bien una expresión de triunfo atribuida a su hermano, al que apodaban Badre, quien al vencerlo en el ajedrez o cualquier otro juego de azar o competencia le espetaba divertido “arroooz”.
O también el origen, a su vez, de otros personajes, como los creados por el escritor y productor Mauricio Kleiff, como son Gordolfo Gelatino y Doña Naborita, que interpretaban Enrique Cuenca y Eduardo Manzano (Los Polivoces) basados, precisamente, en su tocayo Garcés y su madre Mahiba, por lo mucho que ella lo consentía y parodiando al galán que representaba en escena el Zorro Plateado.
Cierro esta colaboración con la frase que utilicé para iniciar la presentación que hice del libro “¿Qué toca hoy Sócrates?”, misma que retomé de la película “El criado malcriado”, donde Mauricio Garcés se dice que es: “un tipo ni demasiado viejo, ni demasiado joven; ni demasiado feo, ni demasiado guapo, con mucho pasado, pero más porvenir”.




