Participan más de 2 millones de jaliscienses en Segundo Simulacro Nacional
GUADALAJARA, Jal., 3 de agosto de 2026.- "Yo quiero que regrese a mi casa. Esto no se me va a pasar en un mes. Nunca vamos a poder estar bien hasta que lo encontremos." La frase de José Armando Corona resume el sentimiento que este domingo unió a decenas de familias en distintos puntos de Guadalajara: la desaparición de sus hijos no puede convertirse en una noticia más.
Este domingo, el ruido del tránsito en uno de los cruceros más transitados de la ciudad fue interrumpido por fotografías sostenidas con fuerza, lonas, fichas de búsqueda y un mismo grito:
"¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!"
En la avenida López Mateos, a la altura de Lázaro Cárdenas, no había consignas partidistas. Había madres que no han vuelto a dormir, padres que cuentan los días desde la última vez que abrazaron a sus hijos y familias que se resisten a permitir que sus adolescentes se conviertan en una cifra más dentro de la crisis de desapariciones que vive Jalisco.
Mientras otro contingente marchaba desde la Glorieta de las y los Desaparecidos hacia Palacio de Gobierno, los manifestantes exigían acelerar las investigaciones, fortalecer las brigadas de búsqueda, mejorar la comunicación con la Fiscalía de Jalisco y, si no existen resultados, solicitar la intervención de la Fiscalía General de la República.
Han pasado más de dos semanas desde la desaparición de varios adolescentes.
Los nombres estaban escritos en carteles, playeras y mantas: Giovanni Natanael Flores Vázquez, de 17 años; Dominic Gabriel Méndez Jiménez, de 15; Jeremi Alejandro Villegas Anaya, de 14; Carlos Humberto Corona Corona, de 14; y Facundo Vidal Sánchez Sánchez. También aparecían las fichas de búsqueda de Bryan Eduardo Murillo Aguilar y David Emiliano Salas Bonilla.
Cada fotografía representaba mucho más que una carpeta de investigación. Era una silla vacía en la mesa. Una cama que permanece intacta. Una madre que no logra dormir. "No duermo porque necesito saber que mis hijos están en casa"
Entre quienes sostenían una de las lonas estaba Carolina Vázquez. Su historia no comenzó el 17 de julio de este año. Hace dos años desapareció su hijo Joseph. Hoy busca también a Giovanni Natanael. Además, en 2025 otro de sus hijos, Óscar, fue privado de la libertad y posteriormente localizado.
Tres hijos. Tres historias marcadas por la violencia. Mientras sostiene la fotografía de Giovanni, Carolina intenta explicar lo que significa vivir esperando que un hijo vuelva a cruzar la puerta de su casa.
"Hasta que di con los conocidos con los que se juntaba... uno de ellos me dijo que lo esperara seis meses. Le dije: 'No'. Giovanny tiene un hermano que tengo dos años buscándolo. Mi desesperación y mi ansiedad... no duermo porque yo necesito saber que mis hijos estén ahí en la casa. Si no llegan a dormir, yo no duermo."
Hace una pausa. Respira. Y continúa.
"Solamente Dios y su misericordia me tienen de pie, porque yo ya no tengo la certeza de vivir día a día."
Otro caso es el de Maricela Anaya, quien busca a Jeremi, de tan solo 14 años, quien sostiene que el reclutamiento de adolescentes por parte del crimen organizado no es una versión ni un rumor. Dice que es una realidad que está destruyendo familias y que las autoridades aún no logran contener.
"Cuando salió de la casa iba llorando. Se salió de la casa a las 4:45 de la tarde. Las cámaras lo captaron cuando salió. Cuando mi hijo salió, él iba llorando, tenía sus ojitos llorando, como que había llorado mucho tiempo."
Después de la desaparición comenzaron a aparecer piezas que antes no encajaban.
Amenazas.
Hostigamiento.
Personas que lo llamaban cuando iba a trabajar como repartidor.
"Me comentaban que había unas personas que lo amenazaban, que le hablaban, que lo estaban hostigando. Él trabajaba en la Central Nueva y le decían: 'Ven'. Lo estaban acosando."
Los mensajes llegaron horas después.
No a ella.
A los hermanos de Jeremi.
"Les estaba mandando mensajitos diciéndoles que ya estaba en otro estado, que ya no había nada que hacer, que ya le iban a quitar el teléfono y que ya no iba a poder hablar con ellos."
Maricela asegura que nunca imaginó que su hijo estuviera viviendo una situación así.
Como muchas madres presentes en la manifestación, dice que ahora revisa una y otra vez los últimos días antes de la desaparición intentando encontrar una señal que pudiera haber cambiado la historia.
José Armando Corona tampoco imaginó que tendría que aprender a cargar una ficha de búsqueda. Su hijo, Carlos Humberto Corona Corona, de 14 años, desapareció después de salir de su casa en Santa Ana Tepetitlán.
Cuenta que cuando acudió a denunciar su desaparición recibió una respuesta que todavía le duele recordar.
"Están rompiendo a las familias"
Le dijeron que probablemente el adolescente se había ido de fiesta. Hoy esa explicación le parece incomprensible.
"Yo creo que sí saben dónde está. No estamos en los 80 o en los 90, donde alguien pueda desaparecer."
Su voz mezcla impotencia y cansancio.
"Es más rápido que encuentren a alguien que roba un banco a los dos o tres días que a alguien que desaparece."
Después baja la mirada.
Aprieta la fotografía de su hijo.
Y concluye.
"No es justo que ahora ya sean niños. Están rompiendo a las familias, nos están rompiendo a nosotros como padres. Yo no soy gente mala. Lo único que hago es trabajar y dedicarme a mi familia."
Antes de retirarse de la manifestación deja una última petición.
No habla de castigos.
No habla de venganza.
Habla de volver a abrazar a su hijo.
"Yo quiero que regrese a mi casa. Esto no se me va a pasar en un mes. Nunca vamos a poder estar bien hasta que lo encontremos."
La espera continúa
Las familias informaron que este lunes sostendrán una reunión con el gobernador Pablo Lemus en el Centro de Paz, donde esperan conocer avances concretos sobre las investigaciones y las acciones de búsqueda, incluidas diligencias que, de acuerdo con los propios padres, podrían realizarse en Zacatecas y Michoacán.
Mientras tanto, las carpetas de investigación continúan abiertas y las familias aseguran que seguirán manifestándose hasta obtener respuestas.
Cuando la protesta terminó, las lonas se doblaron y las fichas de búsqueda volvieron a las manos de quienes las sostienen todos los días.
El tráfico regresó.
Los semáforos cambiaron de rojo a verde.
La ciudad continuó con su rutina.
Para estas familias, en cambio, el tiempo permanece detenido desde julio.
No están buscando números.
No están buscando expedientes.
Están buscando a sus hijos.
Porque detrás de cada ficha de búsqueda hay un adolescente con un nombre, una historia, una familia que lo espera y una habitación que permanece exactamente igual desde el día en que salió de casa y no volvió.




