Recuerda Chayanne su encuentro con Dolly Parton
PUERTO VALLARTA, Jal., 20 de septiembre de 2025.- En el marco de la 67 entrega de los Premios Ariel, el Centro Universitario de la Costa (CUCosta) fue sede de una emotiva master class en la que se recordó el legado de la película mexicana, Amores Perros, a 25 años de su estreno.
El encuentro reunió a Mónica Lozano y Francisco González Compeán, productores asociados de la cinta; Carlos Hidalgo, primer asistente de dirección; y el actor Gustavo Sánchez Parra. Ante cinéfilos y medios de comunicación, los invitados compartieron anécdotas, aprendizajes y retos detrás de la filmación de la ópera prima de Alejandro González Iñárritu, considerada una de las películas que marcaron un antes y un después en la historia del cine mexicano.

Uno de los momentos más destacados de la charla fue el recuerdo de la icónica escena del choque automovilístico, pieza central del largometraje.
Carlos Hidalgo relató la minuciosa planeación, las horas de ensayo y los retos técnicos que implicó recrear la colisión, la cual se convirtió en una de las secuencias más recordadas del cine contemporáneo.
“Yo creo que claramente fue el día más complicado del rodaje. Bueno, hubo como todo un trabajo previo a ese día donde el gran reto era que nada más teníamos dos coches, o sea, no teníamos más que ese juego de coches, tenía que salir en una sola toma. Entonces, eso generó mucho tiempo de ensayo con los stones. Los stones ensayaron muchísimo tiempo el frenado”, narró.

Amores Perros fue una apuesta arriesgada en todos los sentidos. Narrativa, técnica y actoral, pero esa misma intensidad es la que la convirtió en una obra que revitalizó al cine mexicano y lo llevó de nuevo a los reflectores internacionales, coincidieron los productores.
Sánchez Parra, quien interpretó a El Jarocho, recordó la experiencia de trabajar junto a Gael García Bernal, Vanessa Bauche y el resto del elenco, además de resaltar el carácter exigente pero visionario de Iñárritu durante el rodaje.
Los asistentes destacaron que, a un cuarto de siglo de distancia, la película no solo abrió las puertas a una nueva generación de cineastas mexicanos, sino que se consolidó como un referente de identidad cultural y narrativa cinematográfica para el país.





