El Maximato
El arranque de la renovación de Tetlán, anunciado por la alcaldesa de Guadalajara, Vero Delgadillo, deja muy en claro que los proyectos públicos ya no se diseñan desde la comodidad de un escritorio.
Además, este inicio evidencia cómo se planea y hacia dónde se dirige realmente el presupuesto de la obra pública municipal.
La inversión inicial de más de 100 millones de pesos en esta primera etapa no es un asunto menor. Destinar recursos a la intervención de casi 40 calles, seis parques y el corredor clave de la calle Gigantes —pilar de la movilidad por su conexión con Mi Tren— ataca directamente las venas del abandono urbano.
Es bien sabido que el oriente de Guadalajara ha cargado durante décadas con el estigma de la periferia relegada. Por ello, hablar de una bolsa de 2 mil millones de pesos para saldar esta deuda histórica es un acierto discursivo que genera una legítima expectativa de justicia social.
La presidenta tapatía ha puesto la muestra de cómo es gobernar desde la calle. Aún cuando sus detractores dicen que solo hace videos para las redes sociales, la realidad es que en esos mismos materiales queda constancia de su trabajo: escuchar a la comunidad durante meses para perfilar un proyecto es un gran paso. Se trata de obras de gran dimensión para los ciudadanos pues, más allá del simple cambio de asfalto y banquetas, se está transformando el estilo de vida de los habitantes.
Y si eso significa ser la presidenta de las redes sociales —una que termina realizando obras como las de Tetlán, Analco y San Andrés, entre otras—, pues que sigan los likes, con tal de que sigan llegando proyectos a donde hace años no llegaban.




