Tortas para los tragones
En noviembre de 2016 me encontraba en Santiago de Chile, participando en el Congreso Internacional del CLAD, cuando ocurrió uno de los episodios cambiarios más abruptos de la historia reciente de México. La mañana posterior a la elección de Donald Trump, el peso mexicano se desplomó en cuestión de horas: pasó de niveles cercanos a 17 pesos por dólar a tocar rangos de 22 e incluso 24 pesos. Analistas internacionales hablaban entonces, sin pudor, de un tipo de cambio por encima de 30 pesos.
Desde el exterior, la percepción fue inmediata: México aparecía como un país súbitamente más pobre, altamente expuesto y con un futuro cargado de incertidumbre.
Paradójicamente, en ese mismo Congreso se llevaba a cabo el proceso para designar la sede del CLAD 2018. Representando al Gobierno Federal mexicano y a la Universidad de Guadalajara, logré que Guadalajara fuera elegida como sede. No fue un gesto simbólico. Fue una decisión tomada por una comunidad internacional altamente especializada, que evaluó capacidades técnicas, institucionales y organizativas.
El contraste era evidente: mientras el tipo de cambio proyectaba fragilidad, México seguía mostrando credibilidad institucional y capacidad para competir y ganar espacios en foros globales.
Traigo este episodio a la memoria porque ayuda a poner en perspectiva una pregunta que hoy vuelve a aparecer con insistencia: ¿es momento de comprar dólares?
Los datos recientes obligan a la cautela. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el peso pasó de niveles cercanos a 13 pesos por dólar a más de 20, una depreciación acumulada superior al 50%. En el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el comportamiento fue distinto: el tipo de cambio inició alrededor de 20.3 pesos y cerró ligeramente por debajo, con una apreciación marginal del peso. En el arranque del gobierno de Claudia Sheinbaum, la moneda mexicana ha mostrado una fortaleza relativa, moviéndose en rangos cercanos a 18–19 pesos por dólar.
La primera conclusión —incómoda para algunos— es clara: no hay señales de un colapso inminente del peso mexicano.
Conviene recordar algo básico, pero con frecuencia olvidado: el dólar no es un instrumento de inversión productiva; es un instrumento de cobertura.
La recomendación es prudente: sí tiene sentido mantener una parte del ahorro en dólares siempre que se entienda como cobertura y no como apuesta.
Quizá la respuesta sea más sencilla de lo que aparenta. ¿Es momento de comprar dólares? Sí. Porque como lo señalé en una columna anterior, Sofi quiere ir a Disney.
Así que no: no es momento de comprar dólares por miedo. Pero sí puede ser momento de hacerlo porque hay un plan claro, concreto y con fecha definida.




