Muchas veces, se da por hecho que un jugador puede cambiar de camiseta, mudarse de ciudad y por arte de magia desplegar el futbol que se le conoce exactamente de la misma manera sobre el césped. Pero no es así. El profesional de este deporte es, antes que nada, un ser humano. Como tal, un vuelco tan drástico de vida implica un proceso de adaptación que en ocasiones le impide desarrollar su profesión como lo venía haciendo.

Chivas tiene un claro ejemplo de esta situación: Jesús Ricardo Angulo. Con el Necaxa, el Canelo se convirtió en material de Selección Mexicana. Sus actuaciones por el costado izquierdo llamaron tanto la atención, que no sólo el Rebaño Sagrado lo puso en su mira. Fueron varios los pretendientes, pero al final llegó al Guadalajara en un paquete de 20 millones de dólares, junto con Cristian Calderón y Alexis Peña.

Pero su primer semestre en la Perla Tapatía no fue lo que se esperaba. En los 10 partidos que pudieron disputarse del Clausura 2020, antes de que fuera cancelado por la pandemia, no pudo mostrar el futbol que se le conoce. Ni siquiera se ganó la titularidad en el cuadro de Luis Fernando Tena, pese a llegar con etiqueta de refuerzo. Vaya, en su primer torneo simplemente lo pasó mal.

¿El futbol se puede olvidar de un día para otro? Por supuesto que no. ¿Puede un jugador perder el piso y echarse a la hamaca al llegar a un equipo grande? No parece ser el caso de Jesús Ricardo Angulo. ¿Entonces por qué a algunos les cuesta tanto cambiar de equipo? La manera más sencilla de resumirlo se encuentra en una sola palabra: adaptación.

El ser humano suele experimentar alguna dificultad ante las cosas nuevas. Y en una profesión como el futbol, cuando se habla de cambios, son totales. Para el “Canelo” no es simplemente quitarse una playera para ponerse otra. La mudanza de ciudad, el acostumbrarse a un ritmo de vida distinto, la lejanía con la familia y la integración a un nuevo grupo de trabajo son cosas que llevan un proceso.

Claro que hay excepciones, pues existen seres humanos con espíritu más errante y una enorme capacidad de rápida adaptación a entornos diferentes. Pero en general, la dificultad por la que atravesó Angulo es la misma que cualquier otra persona habría vivido. Ahora, la buena noticia es que en el primer partido de Chivas, en medio de la pandemia, brilló frente al Atlas. ¿Es ese el jugador que la afición espera? Sí. ¿Es ese el mejor jugador que puede ser? No.

Jesús Ricardo Angulo tiene un techo muy alto y esto apenas es pretemporada. El total de su capacidad está todavía muy lejos de mostrarse, pero ha dejado la impresión de que va por buen camino. Él mismo se dice ya más adaptado, se siente cómodo, convive de mejor manera con el resto del vestidor. Todo eso se refleja en el campo. Esa es una buena noticia para Chivas. Y su caso es una clara lección de que antes de ser futbolistas, son personas… como cualquiera. 

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