Claudia Sheinbaum: empieza a transformar los resultados en legado
Durante meses, los opositores al Gobierno insistieron en que Jalisco no estaba preparada para recibir un evento de la magnitud de una Copa del Mundo. Se cuestionó la inversión en infraestructura, se criticaron los proyectos de movilidad y se sembraron dudas sobre la capacidad de la ciudad para convertirse en una vitrina internacional. Sin embargo, una vez que el balón comenzó a rodar, la realidad fue mucho más contundente que cualquier discurso político. Guadalajara no sólo estuvo lista; demostró ser una de las sedes mejor preparadas y mejor calificadas por quienes realmente importan: los aficionados, los turistas y los propios protagonistas del torneo.
El éxito no fue producto de la casualidad. Detrás de la experiencia que hoy disfrutan miles de visitantes existe un trabajo coordinado entre el Gobierno de Jalisco, los municipios metropolitanos, el sector turístico y la iniciativa privada. Mientras algunos apostaban al fracaso, la entidad apostó por la planeación. El resultado está a la vista: calles renovadas, espacios públicos funcionales, corredores turísticos activos, servicios eficientes y una ciudad que ha sabido recibir al mundo con orden, calidez y profesionalismo.
Lo más destacable es que este logro ocurrió apenas meses después de uno de los episodios más complejos en materia de seguridad que ha enfrentado la entidad. Los acontecimientos derivados de la captura de uno de los líderes criminales más buscados del país el pasado 22 de febrero que generaron incertidumbre y alimentaron nuevamente las voces que aseguraban que Jalisco no podría responder al desafío mundialista. Pero la historia fue otra. Lejos de paralizarse, el estado mostró resiliencia institucional, capacidad de reacción y una determinación que permitió mantener el rumbo de los preparativos hasta llegar al evento en condiciones óptimas.
La comparación con otras sedes resulta inevitable. Mientras Jalisco ofrecía organización y una experiencia positiva para los visitantes, la inauguración en la Ciudad de México estuvo marcada por manifestaciones, bloqueos y problemas de logística que desviaron la atención del espectáculo deportivo. En Nuevo León, diversos señalamientos apuntaron a que algunas instalaciones no se encontraban en las mejores condiciones para albergar entrenamientos de selecciones internacionales, generando cuestionamientos que contrastaron con la imagen de preparación que proyectaron.
Incluso en Estados Unidos, país que concentra la mayor parte de los encuentros del torneo, han surgido críticas relacionadas con la experiencia de Futbolistas, aficionados y visitantes. Las dificultades para obtener visas, las restricciones migratorias, los largos tiempos de espera y diversas medidas de control han provocado inconformidad entre miles de seguidores del futbol. Para muchos aficionados, lo que debía ser una celebración deportiva sin precedentes terminó convirtiéndose en una experiencia burocrática complicada y, en algunos casos, frustrante.
Frente a ese escenario, Jalisco se convirtió en una alternativa distinta. Aquí los visitantes encuentran una ciudad abierta, una oferta cultural vibrante, una gastronomía reconocida internacionalmente y una ciudadanía que entendió que el Mundial era una oportunidad para mostrar la mejor versión de Jalisco. La hospitalidad tapatía dejó de ser un eslogan para convertirse en una realidad palpable para quienes llegaron desde distintas partes del mundo.
No es casualidad que cada vez más voces consideren que Guadalajara merecía una participación aún mayor dentro del torneo. La combinación de infraestructura, organización, seguridad, conectividad y atención al visitante demostró que la ciudad esta praparada para asumir un papel todavía más relevante. Quienes apostaron por ella tuvieron razón; quienes pronosticaron el desastre simplemente se equivocaron.
Al final, el Mundial dejará muchas enseñanzas, pero una de las más importantes será que Jalisco ha demostrado hasta ahora, de qué está hecho. A pesar de los retos, de las críticas políticas, de los problemas de seguridad que enfrenta como cualquier gran ciudad y de quienes apostaban por el fracaso, Jalisco respondió con resultados. La ciudad no sólo recibe al mundo; le recordó que la resiliencia, la organización y la hospitalidad también son parte de la identidad de esta tierra.




