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GUADALAJARA, Jal., 12 de junio de 2026.- El hígado graso se ha convertido en uno de los principales retos de salud pública en México, al grado de que podría afectar hasta a seis de cada diez personas en el país, la mayoría de ellas sin manifestar síntomas, advirtieron especialistas del Hospital Civil de Guadalajara (HCG) en el marco del Día Mundial del Hígado Graso.
De acuerdo con los expertos, esta patología —actualmente denominada de forma médica como enfermedad por hígado graso asociada a disfunción metabólica— está estrechamente ligada a la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y otros trastornos metabólicos crónicos que aquejan a gran parte de la población nacional.
El jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde, José Antonio Velarde Ruiz Velasco, explicó que el peligro mayor radica en el avance silencioso del padecimiento.
“Está relacionada con factores de riesgo cardiometabólicos como obesidad, diabetes, hipertensión y alteraciones en los lípidos. El hígado graso no sólo es un problema hepático, está asociado con un mayor riesgo cardiovascular, lo que significa que muchos pacientes pueden presentar infartos o eventos cerebrovasculares antes de desarrollar complicaciones hepáticas avanzadas como la cirrosis”, detalló el especialista.
El factor de la resistencia a la insulina
Por su parte, el endocrinólogo del HCG, Roberto Barrientos, explicó que la resistencia a la insulina juega un papel fundamental en el desarrollo de este almacenamiento de lípidos. “La mala utilización de la glucosa, ya sea en resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes, condiciona de forma directa que el hígado acumule grasa y comience su mal funcionamiento”, indicó.
Los médicos recordaron que cerca del 75 por ciento de los adultos mexicanos vive con sobrepeso u obesidad, condición que detona exponencialmente el riesgo. Asimismo, alertaron sobre el consumo indiscriminado de suplementos "milagro" promocionados en redes sociales, advirtiendo que ciertos productos herbolarios pueden provocar daño hepático agudo o agravar problemas preexistentes.
Detección oportuna y prevención
Respecto al tratamiento, los especialistas aclararon que no existe una solución rápida ni un fármaco definitivo, sino que se requiere una reestructuración permanente en los hábitos de vida a través de una alimentación adecuada y actividad física regular. Además, advirtieron que el consumo de alcohol multiplica considerablemente el daño si ya existe disfunción metabólica.
Finalmente, señalaron que la detección temprana es totalmente factible mediante estudios clínicos sencillos y de bajo costo, tales como un perfil hepático sanguíneo y un ultrasonido abdominal, herramientas clave para identificar el problema a tiempo y evitar que evolucione hacia cuadros de inflamación crónica, fibrosis, cirrosis o cáncer hepático.




