El Siapa nació para otra ciudad
El golpe no fue fatal contra el gobierno de Jalisco, como lo pensaba Morena, en el tema del agua turbia de la Zona Metropolitana de Guadalajara, y la manifestación con la que darían la puntilla final terminó opacada por la violencia.
Lo que prometió ser una manifestación pacífica terminó siendo altamente violenta, provocando que personas mayores y familias completas prefirieran retirarse antes de los actos vandálicos en las inmediaciones de Casa Jalisco.
Lo lamentable de la manifestación fue la aparición de mantas con el logo de Morena, de las cuales los morenistas se desmarcarían a través de un desplegado, y personas encapuchadas; sin embargo, todo parecía paz y tranquilidad en la Glorieta de la Minerva y durante su avance por López Mateos.
La marcha se salió de control cuando los manifestantes comenzaron a agredir a los antimotines que resguardaban la residencia de Gobierno, lo que generó enfrentamientos, pues desde atrás de las vallas los manifestantes eran contenidos con chorros de agua.
La violencia subió de tono después de que grupos de personas destrozaron las jardineras de una finca aledaña y utilizaron los escombros como proyectiles contra los policías.
Las cifras: 39 detenidos y 28 policías heridos; un oficial con múltiples fracturas faciales y craneales, además de otro elemento que sufrió la amputación de un dedo por una agresión con un objeto punzocortante.
Días previos a la manifestación, el gobierno de Jalisco había demostrado capacidad de respuesta y eficacia al desactivar una crisis que la oposición pretendía utilizar como bandera política. Los intentos del partido Morena por capitalizar políticamente el descontento en torno al suministro de agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara no prosperaron, pues solo se provocó descontrol y descontento en la marcha que sería pacífica y resultó violenta.
La movilización social planeada para presionar al Gobierno quedó sin argumentos sustanciales ante los hechos.
La promesa del gobernador Pablo Lemus de regularizar el suministro de agua limpia y clara en los hogares jaliscienses terminará por echar a la basura el botín político de Morena, cuyos integrantes jugaron su mejor carta (la calidad del agua) de una manera acelerada rumbo a las siguientes elecciones.
Se les olvidó que, en la política, los tiempos son de mucho valor y, al haber agotado su discurso de forma violenta y prematura, la oposición tendrá que buscar nuevos argumentos, mientras el gobierno de Jalisco tendrá que consolidar su legitimidad gobernando con hechos, estabilidad y soluciones tangibles para la población. Por lo pronto morena alertó al Gobierno de Jalisco en donde debe de apretar la cuña. Así que, al tiempo.




