La Ahogada, el que la prueba se pica
La pregunta es más que permitida: ¿a quién le conviene desprestigiar al Estado?
La jornada de este domingo 19 de octubre demostró el contraste entre la verdadera participación ciudadana y el vandalismo oportunista.
Lo que era una manifestación pacífica, donde la mayoría de los asistentes dio una lección de civismo en la marcha por el agua limpia, terminó opacada por un grupo de personas violentas que cometieron actos de vandalismo en el Palacio de Gobierno y el Congreso de Jalisco; además de agredir a reporteros y a los propios manifestantes.
Todo inició en el llamado Parque Rojo, donde desde los primeros minutos se dio muestra de la madurez de los manifestantes, quienes lograron neutralizar los intentos de desestabilización del bloque negro.
En esta ocasión, los ciudadanos les pusieron un alto al grupo e incluso entregaron a las autoridades a un par de desadaptados que destrozaron cristales y arrojaron barrenos a las familias que se manifestaban.
Desde el inicio de la marcha, la propia organización civil identificó, señaló y expulsó al grupo de provocadores encapuchados que pretendía generar violencia.
Los ciudadanos demostraron que la libre expresión no requiere de rostros cubiertos ni de agresiones para ser contundente, por lo que exigieron descubrirse el rostro a quienes portaban capuchas; ante esto, las personas con la cara tapada prefirieron retirarse.
La marcha transcurrió en plena paz y sin incidentes, e incluso los manifestantes llegaron al Palacio de Gobierno debido a que en esta ocasión el Gobierno de Jalisco ajustó de manera eficaz su estrategia de acompañamiento y seguridad. La prioridad de las fuerzas del orden fue la contención defensiva y la protección de la integridad de los asistentes, evitando caer en provocaciones directas.
Todo daba muestras de que había ganado la sociedad civil y de que el grito de sus exigencias había retumbado en el Palacio de Gobierno; sin embargo, un grupo de aproximadamente 300 personas ajenas a la manifestación pacífica del agua regresó para cometer actos de vandalismo, arrojando explosivos, destrozando partes del Palacio Legislativo y del Palacio Judicial, e incluso incendiando los accesos.
La Policía del Estado actuó estrictamente para controlar los riesgos, tal como lo sugiriera la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo; sin embargo, la captura de cinco individuos con bidones de gasolina a bordo de una camioneta robada confirma que no se trataba de libre expresión, sino de actos delictivos planificados; y es que hay a quienes les interesa —más aún cuando se aproximan las elecciones— desprestigiar al Estado.
Será por eso que la mayoría de los 300 integrantes del grupo violento habrían sido personas de otros Estados, pues su forma de hablar e incluso algunos rasgos físicos dejaban al descubierto que habían sido traídos o invitados para generar la violencia que terminó por opacar, una vez más la marcha de exigencia de agua limpia en Guadalajara.




