¡¡¡PLOP!!!
Cada diciembre reaparece la misma discusión: si Santa Claus existe, si es un invento comercial o si la Navidad perdió su sentido original. Pero quizá la pregunta no es si existe, sino dónde existe. Porque más allá del mito, Santa sí está presente en la economía, en el empleo, en el ingreso y en los rituales que sostienen a nuestras comunidades.
El personaje que hoy conocemos como Santa Claus tiene su origen en San Nicolás de Myra, obispo del siglo IV en la antigua Licia, hoy Turquía. No destacó por el poder ni por la ostentación, sino por algo más profundo: la solidaridad económica. Ayudó a familias endeudadas, protegió a los pobres y sostuvo a comunidades enteras en momentos de crisis.
En términos modernos, San Nicolás entendió que una sociedad solo funciona cuando existe apoyo mutuo. Antes de ser símbolo del consumo, fue símbolo de redistribución, empatía y cohesión social.
Con los siglos, su figura viajó y se transformó. En el siglo XIX, ya en Estados Unidos, comenzó a tomar forma el Santa Claus moderno: cercano, alegre y reconocible. Poemas, ilustraciones y tradiciones familiares lo convirtieron en el rostro de la Navidad. Décadas después, la publicidad ayudó a fijar su imagen contemporánea. Coca-Cola no inventó a Santa Claus, pero sí lo homogeneizó: lo volvió reconocible, reproducible y funcional para el mercado global. Al hacerlo, transformó un símbolo de solidaridad comunitaria en un ícono del consumo masivo.
Lo relevante no es el traje rojo, sino su impacto real. De acuerdo con el INEGI, el consumo privado en México registra un incremento estacional significativo en diciembre, impulsado por el pago de aguinaldos y prestaciones laborales. Tan solo ese mes concentra alrededor del 10 % del consumo anual.
Este aumento impacta directamente en sectores como comercio, servicios y turismo. En Jalisco, donde más de la mitad del empleo formal se concentra precisamente en estas actividades, la temporada decembrina impulsa el empleo temporal, fortalece a micro y pequeñas empresas y dinamiza la economía regional.
Así que, si sus chiquitines preguntan si Santa existe, con apego a la verdad puede decirse que sí. No vive en el Polo Norte, pero aparece cada diciembre cuando la economía se mueve, los comercios abren más horas y las familias vuelven a creer que es posible cerrar el año con un poco más de esperanza. Santa Claus sí existe: vive en la economía real.




