Claudia Sheinbaum: empieza a transformar los resultados en legado
Hablar de violencia contra la mujer es abordar los diferentes contextos en que se originan cada una de sus formas para poder entender el problema que cada vez es más grande.
Contrario a lograr un avance en ir erradicando dicha violencia, ésta se diversifica y no hay mejor espacio para lograrlo que las redes sociales; son tierra fértil por el mal uso de tecnologías, débil regulación de plataformas en contenidos y publicaciones con discursos misóginos de incalculable alcance.
Este 25 de noviembre, Día internacional para eliminar la violencia contra la mujer, la ONU alertó sobre el rápido crecimiento de la violencia digital contra mujeres y niñas en toda su diversidad.
En México, una de cada cinco mujeres, 10.6 millones, ha sido víctima de violencia digital, son las que tienen entre 20 y 29 años las de mayor prevalencia, con tres de cada 10, según cifras del Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA, 2024) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). A diferencia de los hombres, las mujeres reciben el doble de insinuaciones o propuestas sexuales no solicitadas de parte de hombres en un 87%.
La violencia digital la podemos entender en varias acciones como ciberacoso, amenazas, discurso de odio, difusión no consentida de material o contenido de carácter sexual, vigilancia, campañas de desprestigio, deepfakes que es creación de imágenes o videos sexualizados de mujeres generados con Inteligencia Artificial sin su consentimiento.
El Informe del Secretario General de 2024 sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, facilitada por la tecnología, registra que 9 de cada 10 usuarias han presenciado ataques en línea hacia otras mujeres; 70% de quienes han sufrido violencia digital han enfrentado ciberacoso reiterado; 95% de los deepfakessexuales en internet representan a mujeres. De acuerdo a la ONU, la violencia digital inicia a edad temprana contra niñas y adolescentes entre los 14 y 16 años.
En violencia de pareja las agresiones se trasladan a lo digital mediante acciones como monitoreo, acecho o difusión de contenido íntimo sin consentimiento.
Los datos anteriores nos dan contexto de este tipo de violencia que afecta a las víctimas en su bienestar, salud mental, libertad de expresión, participación pública y el riesgo de estar expuestas a una violencia que escale fuera del ámbito digital.
Este panorama que puede llegar a ser más crítico, es un foco rojo para que se puedan actualizar las leyes para trabajar con las plataformas y adoptar políticas públicas que permitan prevenir la violencia digital. Como usuarios debemos concientizarnos y sensibilizarnos de cómo usamos las redes, que compartimos y publicamos.




