¡¡¡PLOP!!!
La inteligencia artificial ha irrumpido en todos los ámbitos, pero en el educativo su impacto es disruptivo, nos pone en la disyuntiva de utilizar nuestra inteligencia humana para saber aprovechar la artificial o abusar de la IA y usar poco la nuestra. La IA se debe integrar al proceso de enseñanza-aprendizaje con equilibrios.
Es una excelente herramienta que nos facilita muchas tareas pero no sustituye la capacidad que tenemos los seres humanos pero poco a poco lo dejamos de hacer y perdemos la condición de pensar.
En México, el 79 por ciento de los estudiantes de educación superior utilizó herramientas de inteligencia artificial generativa para producir textos durante los últimos tres meses, de acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa en la Educación Superior en México (ENIAG 2025), realizada por la Secretaría de Educación Pública, con una base de 1 millón 143,451 estudiantes y 133,582 docentes, a partir de la participación de 2,900 instituciones.
El uso de la IA no es exclusivo de carreras tecnológicas, un 93 por ciento de los estudiantes declaró haberla utilizado, 79 por ciento con la generación de textos que es el uso dominante, 61 por ciento generó imágenes; 15 por ciento produjo código; 10 por ciento videos; 9 por ciento audio, y solo 5 por ciento dijo no haber generado ningún contenido con estas herramientas. Entre docentes, 76 por ciento utilizó IA para textos, 52 por ciento para imágenes, 14 por ciento para código, 15 por ciento para videos y 13 por ciento para audio.
Éste recurso puede generar una enseñanza más interactiva y atractiva, pero da pie a la dependencia tecnológica y despersonalización, de modo que el aprendizaje carece de pensamiento crítico y creatividad. Lo que es una realidad es que la mayoría de la gente percibe que la IA transformará para bien o para mal, en el caso de los empleos desplazados, su campo de estudio o trabajo.
Para continuar con esta herramienta de una manera adecuada, debe incluirse capacitación, profesores y estudiantes en su mayoría han explorado la IA de forma autónoma, el conocimiento de cómo elaborar correctamente un prompt, por decir una de las tantas cosas que se pueden hacer, es la diferencia de un uso óptimo de la inteligencia artificial.
Los mecanismos de evaluación en las escuelas deben ser un proceso riguroso para detectar quienes dejan de lado la capacidad de hacer-pensar y se quedan con la comodidad. Y por último no menos importante, reducir la brecha digital, población aún sin acceso a las tecnologías queda en una desventaja abismal, más de la que ya registran. Es momento de reflexionar sobre los límites de la tecnología, humanizarla para no terminar subordinados.




