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La Ahogada, el que la prueba se pica
Por Philippe Hénault
Este artículo no tiene otra pretensión que compartir una experiencia de aprendizaje que arrancó el 1ero de julio del año pasado; consiste en la adquisición en autodidacta, para distinguirlo del modo formal dentro de un aula, de dos lenguas que hacen parte de la familia de los idiomas semíticos, el hebreo y el árabe. Reitero, el objeto de las líneas siguientes es no solamente dar a conocer las similitudes o diferencias que se observan entre estos idiomas en el campo lexical sino también con base en una experiencia diaria, dar consejos en relación con lo que funcionó o lo que definitivamente no dio resultados.
Tampoco se trata de una presentación exhaustiva de la estructura, modismos y/o vocablos de ambos idiomas tomando en cuenta que el periodo de aprendizaje, un año apenas, es demasiado reducido para sacar conclusiones atrevidas. .
. Como podrá pensar el lector en una opinión a-priori, mucho separa los idiomas señalados arriba de las lenguas romances de los cuales forma parte el español, aunque sabemos que en el caso de nuestro lenguaje, existen, por razones históricas que conocemos, más de 4000 palabras originarias del árabe y no se diga de la expresión “ojala” que nos viene del vocablo “inchalla”.
Para empezar, planteamos el contexto en el cual evolucionaron estos idiomas:
Tratándose de una experiencia limitada en el tiempo (un año), y en el modo de adquisición (solo), sin interacción alguna con una persona susceptible de aportar una retroalimentación, ¿qué conclusiones se pueden sacar de esta experiencia benéfica en lo global?
Al igual que todo proceso que conlleva avances, tropiezos y estancamientos se puede hablar de una mezcla de observaciones tanto positivas que negativas. Lo positivo superando al final de cuenta lo negativo.
A continuación, vamos a enumerar los consejos adecuados para lograr el objetivo perseguido.
Aprender de forma autodidacta y utilizando el internet como herramienta principal implica en su fase inicial escoger un buen sitio de internet sobre la base de unos criterios sólidamente establecidos, planteándose las preguntas siguientes:
Pues, déjeme decirle, estimado lector, que aplicado a estos idiomas, pasaron algunos meses antes de que llegará a encontrar el sitio web adecuado.
Es un hecho que el primer elemento que estremece al alumno en sus primeros pasos en esta tarea de aprendizaje es la dificultad relacionada con la escritura y con mayor énfasis la árabe, pues si ambos idiomas la manejan de izquierda hacia derecha, hay que reconocer que la del país de las mil y una noches presenta una complejidad a la vez que una belleza poco común. A continuación, doy un ejemplo de ella:
الكتابة العربية جميلة
Como se puede observar a partir de la muestra de arriba, el árabe nos deleita con un sin número de curvas, semicírculos, ángulos, que hace que roce con el terreno de la estética, e incluso quisiera atreverme a hablar de música visual.
Por otra parte, el hebreo, presenta formas más sencillas, tanto en su forma impresa como manuscrita; algunos de sus caracteres son más cuadrados; tal es el caso de la mem sofit en su forma impresa:
Cabe subrayar que pueden surgir confusiones para el aprendiz por las siguientes razones:
la letra “dalet” se parece mucho a nuestra “p”
la letra “vet” se parece mucho a nuestra “s”
la letra “mem” se parece mucho a nuestra “N”
la letra “alef” se parece mucho a la letra griega “Κ κ”, o a nuestra “k”
Y así sucesivamente…
La confusión puede nacer también por el hecho de que entre las mismas letras hebreas en su forma manuscrita, se observan una serie de similitudes; a continuación, están unos ejemplos:
la letra “mem” se puede confundir con la otra letra hebrea “cof,cuf”
la misma letra “cof/cuf” se puede confundir con la letra “jaf sofit”
Es en el ámbito del vocabulario en el que vamos a observar una multitud de semejanzas, aunque no es de extraña pues estas culturas compartieron durante más de dos mil años una vida común muchas veces con asperezas, roces, enfrentamientos… pero sin duda dejó huellas sobre todo en el terreno del lenguaje.
Podemos hacer las observaciones siguientes en cuanto a la similitud de estos vocablos:
Palabra en español | Equivalente en hebreo | Equivalente en árabe |
Padre | aba | Ab |
Madre | ima | Um |
Hermano | Aj | Ah |
Hermana | Ajot | Ort |
Hijo | Yeled | Walad/Ben/Ebn |
Hija | Yalda | Ebna |
Palabra en español | Equivalente en hebreo | Equivalente en árabe |
Cuatro | Arba/Arbaa | Arba |
Nueve | Tesha | Tissat |
Diez | Eser/Asara | Hashara |
Palabra en español | Equivalente en hebreo | Equivalente en árabe |
Casa | Bait | Bait |
Palabra en español | Equivalente en hebreo | Equivalente en árabe |
Los ojos | Ain | Ayn |
La mano | Iad | Yad |
La cabeza | Rosh | Rass |
Podríamos indagar en el campo de la gramática en donde se presentan una serie de patrones idénticos en el modo de conjugar los verbos, con la feminización tanto del pronombre personal como de la terminación del verbo; sin embargo, eso nos llevaría a un terreno más técnico con el peligro de cansar al lector y de caer en el aburrimiento. Por esta razón, solo lo menciono.
En cuanto a la adquisición de la fluidez que es finalmente el objetivo de todo aprendiz que desea interactuar en la vida real con nativos del idioma, tenemos que tomar en cuenta las limitantes inherentes a todo proceso autodidacta que forzosamente frenará el alcance de los objetivos fijados.
Pues, no me queda más al terminar estas líneas que despedirme de cada uno de ustedes con unos calurosos:
לְהִתְרָאוֹת ( lehitraot) y/o مع السلامة ( Maa salam)
(hasta luego)(hasta luego)