En un equipo grande los pretextos no caben. Hay circunstancias que claramente pueden afectar a un club. Y si se analiza el funcionamiento del mismo, se podrá encontrar que sí influyen. Sin embargo, cuando se trata de una institución como Chivas, cualquier tipo de excusa debe quedar de lado. La exigencia existe, pase lo que pase.

El problema del Guadalajara ahí está. Un mal arranque de torneo (sí, otra vez) acaba fácilmente con la paciencia de los aficionados, que bastante han tenido que aguantar en los últimos tres años. Ahora, tras dos partidos sin ganar y sin anotar gol, ya hay quienes incluso piden la salida del técnico Luis Fernando Tena. Otros lanzan enérgicos reclamos a los jugadores. Hay molestia. Y es normal.

Habrá quienes pidan un estricto acto de justicia que analice todas las circunstancias. Es verdad que Chivas es uno de los equipos más castigados por la pandemia. Tuvo hasta 6 ausencias por contagios de Covid 19, además de lesiones y bajas de juego. Pero de los que desgraciadamente resultaron enfermos, sólo tres eran titulares y de ellos, únicamente dos son determinantes para la construcción del juego ofensivo.

Las bajas de Alexis Vega y Fernando Beltrán son las únicas que verdaderamente tienen el peso suficiente para disminuir el funcionamiento del equipo. Cualquiera que busque razones del mal arranque podría señalar dichas ausencias. Quizá en otro equipo eso sería suficiente para tranquilizar a todos: el aficionado se resignaría a la “mala suerte” de sufrir lo que otros equipos no; el técnico tendría mayor tranquilidad y los jugadores sabrían que, una vez recuperados, encontraría la oportunidad de componer el camino sin tanta presión.

Pero hablamos del Club Deportivo Guadalajara. Y el tamaño de la exigencia es directamente proporcional a la grandeza de la institución. En un equipo de tal magnitud, no hay lugar para los pretextos. Un mal arranque de torneo, lejos de generar justificaciones, lo que produce son preguntas: ¿Los suplentes no tienen capacidad suficiente para sustituir a los titulares? ¿El técnico no trabaja con el grupo completo como para que los que no juegan habitualmente entiendan bien la idea cuando sean requeridos? ¿No había dicho el director deportivo que tenía un plantel con dos buenas opciones por puesto?

Habrá quienes consideren injusto el cuestionar a un equipo con apenas dos partidos disputados en el torneo. Pero el aficionado tiene razón para estar molesto, pues no son solamente estas dos fechas: son tres años ya de una frustración tras otra. Desde el 28 de mayo de 2017, cuando se levantó la 12, el Guadalajara ha dado a sus seguidores más tristezas que alegrías.

Por eso, quienes forman parte de la institución deben entender algo: en un club como Chivas la paciencia es corta, porque la exigencia es alta. Los buenos resultados se piden semana a semana. Las derrotas generan presión, más allá de las circunstancias que le rodeen. Y la única forma de apagar los cuestionamientos es ganando, pues en un club tan grande como el Rebaño Sagrado, no hay lugar para los pretextos.