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La Ahogada, el que la prueba se pica
Usted, estimado lector, ¿qué celebra: el día en que su mamá lo concibió o el día de su nacimiento? El nacimiento, su cumpleaños, ¿verdad? ¿Suele celebrar el aniversario de su noviazgo? No. Sino el día en que se consumó con el matrimonio. ¿Acaso celebra la fecha que entró a la escuela? No. Sino el día en que se graduó.
Así, por sentido común, celebramos la fecha en que una meta se alcanza. Sí podemos rememorar el tiempo en que algo comienza. Pero, lo anterior, está incompleto. Falta lo que se quiere lograr con lo anhelado.
No solemos festejar el inicio o el deseo de algo. Debemos esperar a cumplir la meta. De otra manera se está en tránsito, en devenir y no hay consecución de nada.
Lo reflexionado, viene al caso con la tradición de celebrar el inicio de la Independencia de nuestra patria. La gesta se dio la madrugada del 16 de septiembre de 1810 con la arenga del cura Miguel Hidalgo y Costilla. Ahí se dio el “primer grito”. Entre otras cosas se dijo: -¡Mueran los gachupines!- ¡Viva Fernando Séptimo!-
Pero, no vamos a realizar un análisis del contenido de las palabras hidalguenses. Nos interesa más -oficialmente- la noción de inicio, no lo que debe ser más importante: su conclusión, su logro o alcance.
Y es que, si como nación seguimos festejando el inicio de la epopeya nacionalista y no su consecución, el referente colectivo es que, aún no hemos alcanzado la querida, deseada y añorada independencia.
Por ello, como naciente patria, pasamos de una dependencia hacia España, para inmediatamente depender de una nación más joven, los Estados Unidos de América. Luego, quisimos otra vez, depender de algún trono Europeo. No funcionó. Volvimos a depender los EUA. Y en esa sumisión, casi perdimos la mitad del territorio nacional. Y así seguimos dependiendo y dependiendo.
Muchos dirán que es necesario depender, hoy en día, debido a la globalización, pues no puede ser de otro modo. Lo concedemos. Pero, una cosa es asociarse para hacer negocios y, otra muy diferente, estar en una dependencia con inherente sujeción.
Así que, debemos como patria celebrar la fecha de la consumación de la Independencia de México. Ésta fue el 27 de septiembre de 1821. El consumador fue Don Agustín de Iturbide, si no olvidado, si hecho menos en la serie de héroes independentistas.
Desde luego, que sería casi imposible cambiar una tradición que tiene casi doscientos años. Pero, sí empezar a darle más realce, en instituciones de gobierno, en instituciones educativas y otras más.
Pues, si no celebramos la verdadera independencia, seguiremos en la dependencia.