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GUADALAJARA, Jal., 5 de septiembre de 2026.- Tras bambalinas de la imponente estructura que alberga Echo, el más reciente espectáculo del Cirque du Soleil que ha iniciado su ruta por territorio mexicano desde Querétaro, se respira el misticismo, la disciplina y las historias de vida que se entrelazan de manera magistral. Una de ellas es la de Zoé Sabattié, una artista de talla internacional que abrió su corazón para Quadratín, revelando cómo compagina los exigentes escenarios globales con su faceta más importante: ser mamá.
Con una trayectoria forjada desde las entrañas de la Escuela de Circo de Quebec, Sabattié recuerda sus inicios en 2008 como un camino de paciencia y persistencia. Tras audiciones multitudinarias y una espera que parecía diluirse, el destino la sorprendió con el papel principal en Toruk, una megaproducción de formato arena que la llevó a recorrer desde América hasta Asia y Europa. Luego vinieron proyectos de renombre como Joya en la Riviera Maya y Drawn to Life en Orlando. Sin embargo, la magia de la lona tradicional la llamaba con fuerza.
"Jamás había hecho carpa. Yo quería experimentar la vida en carpa porque para mí era el inicio del circo; es vivir esta experiencia, y estoy muy feliz de estar en este show ahora", confiesa con una sonrisa que delata su entusiasmo.

Para Zoé, este debut bajo la gran carpa de Echo ha transformado su perspectiva. A diferencia del vértigo de las arenas, donde las maletas se hacen cada semana, la carpa ofrece un refugio de estabilidad nómada. "Es como un pueblito que se mueve. Ya sabes dónde te maquillas, dónde vas a comer. Nos cuidan muy bien, tenemos tres chefs cocinando delicioso y fisio en el sitio. El cast y el crew somos una familia muy apegada".
El reto del mástil aéreo y la fuerza del colectivo
Especialista innata en disciplinas aéreas como el aro, la tela y la cuerda, Sabattié asumió un nuevo reto físico al adentrarse en el mástil aéreo, un acto colectivo integrado por seis creadores de movimiento.
A sus 36 años, Zoé ha aprendido a escuchar y respetar su cuerpo. Su riguroso entrenamiento ahora se fusiona de manera inteligente con el calentamiento diario, implementando tracciones, leg lifts y trabajo abdominal directo en el backstage. Su motor, asegura, es combatir la monotonía y mantenerse creativamente viva a través del aprendizaje mutuo con sus compañeros.

Maternidad sobre la marcha y el idilio con México
El mayor acto de equilibrio para Zoé no ocurre suspendido en el aire, sino en el día a día junto a su esposo —quien también labora en la producción— y sus dos pequeños de tres años y once meses, respectivamente. Tras un periodo de maternidad en Montreal, retornar al tour bajo el formato de carpa le ha permitido ofrecer a sus hijos una infancia enriquecedora y multicultural.
"Mi familia siempre va a pasar primero. Viajar en tour estimula mucho a los niños. Mi hija de tres años y medio ya habla tres idiomas, hace gimnasia y para ellos llegar a una nueva ciudad es un juego de descubrir naturaleza y nuevos parques".
El pilar de esta dinámica ha sido encontrar a una nana de total confianza que se adapte a los horarios dinámicos y a la mística circense. Este ritmo, que prolonga la estancia en cada ciudad entre uno y tres meses, es ideal para la estabilidad familiar.
Finalmente, la artista no oculta su profundo romance con la República Mexicana, un país que conoció a los 17 años viajando como mochilera y al que regresó para residir temporalmente en Cancún y Puerto Vallarta.
"México siempre fue un país que me ha llamado mucho la atención por su cultura, sus colores, sus rituales. La gente se siente muy cerca entre ellos mismos y siempre me he sentido bienvenida. Me vibra, me llama la atención", concluyó, visiblemente emocionada de que la imponente lona de Echo comience a escribir su historia en tierras aztecas.





