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TLAQUEPAQUE, Jal., 8 de enero de 2026.- A lo largo de 2025, un total 703 familias de personas desaparecidas acudieron a entrevistas contextuales realizadas por el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF), con el propósito de aportar datos que puedan ayudar a identificar cuerpos que continúan sin nombre en el estado.
Además, se recabaron mil 796 muestras de ADN pertenecientes a familiares, información que permitirá fortalecer los procesos de búsqueda e identificación.
Las entrevistas se llevaron a cabo tanto en la sede del IJCF como en oficinas de la Fiscalía del Estado y mediante brigadas itinerantes que recorrieron distintos municipios, lo que permitió acercar la atención a personas que, por distancia o recursos económicos, difícilmente podrían trasladarse a la Zona Metropolitana de Guadalajara. En total, durante el año se atendió a familias de 750 personas desaparecidas.
¿Qué son y para qué sirven estas entrevistas?
En cada entrevista, las familias comparten información íntimamente ligada a la identidad de su ser querido: fotografías, contexto de la desaparición y rasgos particulares como cicatrices, tatuajes, prótesis o señas físicas que pueden resultar determinantes para reconocer restos humanos.
La intención no es solo cumplir un trámite administrativo, sino ofrecer una herramienta real para acercar certezas a quienes llevan años esperando respuestas.
Este acompañamiento también busca que ninguna familia quede fuera del proceso por motivos burocráticos: se puede recibir atención aun cuando no exista denuncia formal ante la Fiscalía, algo especialmente relevante en contextos donde el miedo, la desconfianza institucional o la falta de recursos detienen la denuncia.
Atención fuera de la capital, una exigencia de años
Las brigadas itinerantes visitaron municipios como Zapopan, Tlajomulco, Tepatitlán, Autlán, Puerto Vallarta, Lagos de Moreno, Ameca, Sayula, Tamazula, entre otros. Para muchas familias, esto significó evitar traslados costosos y desgastantes, además de acercar procesos que históricamente han estado centralizados.
Más allá de la estadística oficial, este trabajo refleja una realidad: decenas de familias siguen buscando respuestas, y cada entrevista es una oportunidad de avanzar en la identificación de personas fallecidas que continúan sin ser reconocidas.
El reto sigue siendo enorme, pero el registro de información, el levantamiento de ADN y la cercanía con las familias son pasos que pueden marcar la diferencia entre el dolor de no saber y la posibilidad, al menos, de tener una respuesta.




