CADA AÑO ES LO MISMO

Pasan y pasan los años, las décadas, y Guadalajara se convierte en una verdadera zona de riesgo a inundaciones cada temporal de lluvias.

Hay investigaciones que se tienen de hace años, que deducen las acciones a seguir, pero pareciera que cada administración a nivel municipal y estatal, pretendiera volver a encontrar el hilo negro a los problemas de inundaciones.

Los investigadores de la UdeG por ejemplo, aseguran tener mapeado el 90 por ciento de estas casi 400 áreas susceptibles a inundaciones, sin embargo, resulta increíble que estos estudios no los tomen en cuenta las autoridades.

El panorama no es nada alentador para este próximo temporal de lluvias que ya está en puerta, que predicen iniciaría en la Zona Metropolitana de Guadalajara como el 14 de junio.

Por lo pronto Zapopan asegura que ya terminó de hacer sistema acuífero que está ubicado en av. Patria y av. Américas. Ese que promete será solución a los males de muchos automovilistas que a diario deben pasar por ahí en temporada de lluvias y que rezan porque no se desborde el canal. Ese que ha dejado afectaciones en miles de vehículos cada temporal. Esperemos que esto sea una solución al dolor de cabeza de muchos tapatíos.

Mientras tanto en otras zonas, si no exista una verdadera coordinación entre las autoridades de los ayuntamientos, porque las causes y corrientes no respetan fronteras municipales y mientras se carezca de una política que frene las irregularidades que se dan en cuanto al crecimiento de la mancha urbana, no les sorprenda que –como cada año- Guadalajara se convierta en una gran laguna.

LA 4T Y LAS CIFRAS

Si algo caracterizó a los gobiernos corruptos. Neoliberales, fifis, adversarios de la Cuarta Transformación (4T) y aliados de la mafia del poder, fue la precisión en el manejo de datos, cifras e indicadores.

Usted podría haber detectado la incompetencia neuronal de Vicente Fox, la dudosa claridad de las neuronas, amenazadas con ahogarse en caldos etílicos de Calderón, o el desuso de estas delicadas células del tejido cerebral en Peña, pero no podría haber cuestionado a los asesores de estos Presidentes en materia de eficiencia en la presentación de datos.

Es más, la prensa chayotera, esa miserable comparsa de los Gobiernos espurios que, en efecto, despojaron del triunfo electoral al Peje en el 2006, se esmeraba en cada nota, crónica o reportaje, por informar con toda exactitud sobre datos y guarismos que pudieran explicar a la opinión pública, mediante cifras los problemas del país.

Ruedas de prensa iban y venían en las que las preguntas de los comunicadores versaban sobre el índice de algo, el porcentaje de otro algo, o el promedio de esto o de aquello. Y los datos cuadraban.

LAS CIFRAS DE GATELL

La confiabilidad en los datos es muy necesaria, sobre todo cuando un día después de que se anunciara el retorno a la «nueva normalidad», la curva plana es tozuda y sigue en ascenso. Es evidente que para anunciar con bombo y platillos tal retorno a la normalidad y abrir los «municipios de la esperanza», haría falta el estudio matemático de probabilidades de contagio que favorecieran tales medidas, pero hasta ahora solamente parecen medidas de propaganda.

El miércoles 20, las autoridades confirmaron 424 muertes en el territorio nacional, la cantidad más elevada de decesos en lo que va de la pandemia. ¿Es esa la nueva normalidad? la incongruencia en los datos y la ausencia de certidumbre.  La «curva plana» sigue subiendo y se empecina en no aplanarse. ¿Será que la estadística está necia en mostrar a los que creen en teorías conspiratorias que los muertos son reales? ¿O será que la matemática se ha aliado a los conservadores para trastocar la confianza de los seguidores de Andrés Manuel?, que dicho sea de paso siguen siendo legión.

Los ciudadanos requieren de la confianza necesaria para saber si pueden reanudar actividades, o si, por el contrario, van a incrementar sus posibilidades de contagio.

El problema es que la economía impele a muchos a salir a la calle a tratar de generar recursos para vivir, y el encierro, en otros, confundidos por las cifras oficiales, provoca una reacción de infundada confianza que, hemos visto, hace que el número de contagios aumente. La incongruencia de cifras a nivel federal no nos ayudan.