Congreso de Jalisco y PLAi firman acuerdo de innovación tecnológica
GUADALAJARA, Jal; 13 de noviembre de 2025.- La riqueza gastronómica de Jalisco va más allá de sus emblemáticos platillos como la birria, las tortas ahogadas o la carne en su jugo.
En cada municipio del estado también se preserva una dulzura que refleja historia, identidad y orgullo local.
Entre sus postres más representativos destacan la jericalla, las cocadas, los rollos de guayaba, los churros de canela y el ate de membrillo con queso, delicias que forman parte esencial del sabor jalisciense.
La jericalla, orgullo de Guadalajara, nació en el siglo XIX dentro del Hospicio Cabañas, cuando una monja buscó crear un postre nutritivo para los niños a su cuidado.
De esa mezcla de leche, huevo, vainilla y canela surgió un dulce similar al flan, con una característica capa caramelizada producto de un descuido que terminó volviéndose su sello distintivo.

Por su parte, las cocadas se han ganado el corazón de locales y visitantes por su textura y dulzura natural.
Elaboradas con coco rallado, leche, huevo y azúcar, se venden en mercados y calles como un clásico recuerdo para compartir el sabor de Jalisco con quienes se quedan en casa.
En los pueblos mágicos de la sierra y la costa, como Mazamitla, Mascota o Talpa de Allende, abundan los puestos donde se ofrece el rollo de guayaba, una golosina artesanal de fruta natural y azúcar escarchada, ideal para acompañar un vaso de leche durante las sobremesas.
Los tradicionales churros de canela o rellenos, famosos en Tlaquepaque, ofrecen una versión más contemporánea de la repostería local: crujientes, dorados y espolvoreados con azúcar, pueden disfrutarse con cajeta, lechera o chocolate.
Finalmente, el ate de membrillo con queso, originario de San Sebastián del Oeste, combina lo dulce y lo salado en una mezcla perfecta que conquista todos los paladares.
Así, cada dulce típico de Jalisco cuenta una historia que se transmite de generación en generación, consolidando al estado como un referente gastronómico donde la tradición se saborea en cada rincón.





