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Aranceles a México y Canadá van, confirma Trump
Una historia de lealtades y culpa perpetua; su vida quedó atrapada en ese instante, un segundo de valentía y fracaso Clint Hill murió el pasado lunes 24 de febrero, a los 93 años, en su casa de Belvedere, California, con su esposa Lisa a su lado. Fue el célebre agente del Servicio Secreto que saltó a la cajuela de la limusina de John F. Kennedy aquel 22 de noviembre de 1963, tras los disparos de Lee Harvey Oswald en Dallas. Su vida quedó atrapada en ese instante, un segundo de valentía y fracaso que lo marcó hasta el final. Me hubiese gustado entrevistarlo.
No sé si me habría dicho algo que nunca había revelado antes o si Clint Hill se limitaría a repetir ese relato ya gastado por el tiempo, pero quisiera haber charlado con él. Tal vez le habría preguntado si alguna vez soñó con un final diferente o si en alguna versión de su memoria, había conseguido salvar al presidente y cambiar la historia de ese mediodía en Dallas.