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MORELIA, Mich., 15 de octubre de 2020.- En nuestro país hay carencia de información epidemiológica precisa sobre la prevalencia de la osteoporosis (OP). Aún así, las estimaciones arrojan que alrededor de 24.5 millones de personas están en riesgo de padecerla, o inclusive ya la padecen. El problema de esta enfermedad es su alta incidencia en fracturas.
La OP es una enfermedad esquelética crónica y progresiva, la cual se caracteriza por una masa ósea baja, y también por un deterioro micro arquitectónico del tejido óseo, lo que lleva a disminuir la fortaleza del hueso, trayendo fragilidad ósea y, por consiguiente, una alta probabilidad de fractura.
La osteoporosis es conocida como la epidemia silenciosa, porque no existe una sintomatología y es indolora, pero lo que sucede es que el hueso progresivamente se va haciendo más poroso, frágil y sin fuerza. La debilidad del hueso va estrechamente relacionada con la factura: a mayor debilidad, más probabilidades de padecer una, incluso en un golpe o caída leve.
Sin embargo, aunque en la epidemia silenciosa sus estragos son más graves, por lo general las fracturas son una fuente importante de sufrimiento, discapacidad y pérdida de calidad humana en las personas, sobre todo adultos mayores, quienes son la población con mayor aumento de mortalidad tras sufrir alguna fractura, sobre todo de cadera.
En información del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece), en México, una de cada 12 mujeres y uno de cada 20 hombres mayores de 50 años, van a sufrir una fractura de cadera en lo que resta de sus vidas.
En este sentido, las estimaciones señalan que de las casi 30 mil fracturas que había en el país en 2005, se quintuplicará a casi 156 mil para el año 2050.
Pero puede ponerse peor: si la incidencia específica relacionada con la edad se mantiene en la misma tendencia secular de un aumento de uno por ciento anual que demuestra cada vez, la cantidad de fracturas de cadera aumentaría en un 46 por ciento adicional, es decir, llegaría a casi 227 mil casos.
En el informe del Cenaprece, se indica la asociación, para tomar en cuenta, entre el envejecimiento, el aumento en la incidencia de la OP, y y las fracturas, esto porque de los 30 a los 40 años, empieza una disminución gradual de la masa ósea, y en las mujeres es más grave e intensa, ya que tres a cinco años después de la menopausia, viene una fase rápida de pérdida de hueso, la cual se relaciona con la inhibición de los estrógenos.
Se señala que quienes han tenido una fractura osteoporótica, su posibilidad de tener otra fractura aumenta en un 87 por ciento.
En el caso de las fracturas vertebrales, en México son frecuentes, ya que un estudio de fracturas vertebrales en América latina (LAVOS), arrojó como indicativo que el 19.2 por ciento de las mujeres y el 9.7 de los hombres mayores de 50 años en nuestro país, sufren de fracturas vertebrales.
Sin embargo, como se señaló anteriormente, son las fracturas de cadera las que están más documentadas, esto por su alta morbilidad, mortalidad, y un alto impacto en lo económico.
En este sentido, se señala que del 12 al 20 por ciento de las personas que sufren este tipo de fractura, muere en el primer año, y de los sobrevivientes, la mitad queda con discapacidad parcial, pero un 10 por ciento con una discapacidad total.
Esta circunstancia provoca que alrededor de la mitad de estos pacientes, jamás retome de forma completa sus actividades diarias.
Para descartar o diagnosticar esta enfermedad, el médico especialista, que puede ser reumatólogo, endocrinólogo, cirujano ortopédico, gerontólogo u otro, necesita medir, a través de la densitometría ósea, el contenido mineral del hueso.
En el portal del Gobierno de México, hay una serie de consejos para prevenir la osteoporosis en niños, adolescentes y adultos.
En el caso de los niños y adolescentes, se recomienda una dieta nutritiva con una ingesta de cantidades adecuadas de calcio; mantener un suministro adecuado de vitamina D; y realizar actividad física con regularidad, entre otros.
Para los adultos, también se recomienda asegurar una dieta nutritiva y una ingesta de cantidades adecuadas de calcio; evitar la mala nutrición y dietas, que provocan grandes descensos de peso y de trastornos alimenticios.
También es importante realizar ejercicios con peso, en forma periódica; evitar el tabaquismo; el consumo de alcohol, y la exposición al humo del tabaco, entre otros.
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