Vinculan a proceso a presunto feminicida de española Claudia Tacoronte
GUADALAJARA, Jal., 15 de noviembre de 2025.- La que se había convocado como una manifestación pacífica en contra de la inseguridad y en respuesta al asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, se tornó en una jornada violenta que desató el caos en el Centro de Guadalajara.
Los manifestantes radicales llegaron desde las primeras horas de esta tarde a Palacio de Gobierno y fue entonces cuando el hartazgo se transformó en actos que dispersaron al resto de los que exigían la pacificación del país.
El edificio emblema del Ejecutivo Jalisciense, en Plaza de Armas, fue el objeto de los principales actos vandálicos. Rompieron las puertas y cristales de Palacio de Gobierno. En su mayoría jóvenes encapuchados, utilizaron una escalera para abrirse paso por la gruesa puerta de madera e ingresar para romper y destruir todo a su paso.

Se encontraron con policías que intentaban sacarlos. Desde las ventanas superiores les arrojaron líquidos para dispersarlos y, posteriormente, gas lacrimógeno. Pero los quejosos ya iban preparados y con botellas de agua lograban disminuir la picazón para continuar con su tarea.
La violencia crecía. Los granaderos se apostaron en el hueco que dejó la puerta rota para impedir que de nuevo ingresaran los manifestantes que les arrojaban cuanto podían mientras los uniformados buscaban protegerse y proteger Palacio de Gobierno.

Fue entonces cuando la imaginación de los jóvenes de la Generación Z fue más allá. Picos en mano comenzaron a romper las lozas del piso para utilizar los trozos como proyectiles que continuaron arrojando a los policías. Una nueva rociada de gas, dispersó a la mayoría. Los negocios de alrededor comenzaron a cerrar para evitar ser objeto de la violencia o del agente antidisturbios que les afectaría ojos y piel.

Cuando parecía que la manifestación se había dispersado, la furia continuó. Elementos de la Policía estatal resguardaron toda la Plaza de Armas intentando replegar a los jóvenes que continuaban arrojándoles piedras y objetos que traían consigo o tomaban de la calle. El gas se extendía en medio de un ambiente de total caos y descontrol.
Hasta ahora no hay un corte oficial del número de heridos y detenidos.
Una vez que policías del Estado y de Guadalajara tomaron el control del Centro Histórico y consiguieron avanzar replegando a los violentos manifestantes, comenzaron a despejar la zona y a solicitar a las pocas familias que quedaban en el corazón tapatío a que se retiraran, causando incertidumbre y generando pánico.
Posteriormente, se apostaron frente a la Catedral Metropolitana para resguardar el edificio.





