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GUADALAJARA, Jal; 21 de enero de 2026.- A sus más de cinco décadas como mariachi, Miguel Delgado Olivares sigue cantando en el corazón de Guadalajara con la misma emoción con la que inició en su juventud, cuando aprendió a cantar “en el cerro” y a tocar la vihuela guiado por su tío, en Degollado, Jalisco.
“Uy, ya tengo como 50 años”, dice con sencillez al hablar del tiempo que ha dedicado a mantener viva una de las tradiciones más representativas de México, justo en el marco del Día Internacional del Mariachi, que se conmemora cada 21 de enero.
Don Miguel comenzó su camino musical de manera casi intuitiva, observando a familiares que tocaban instrumentos y amenizaban reuniones comunitarias. “Se me hacía chistoso verlos hacer eso”, recuerda. Fue su tío Jesús Méndez quien lo impulsó por primera vez: “Me puso los dedos, estos tres dedos, y me dijo: este tono se llama re, este sol… con esos me quedé”.
Aunque no se dedicó de inmediato al mariachi, la música nunca lo soltó. Cantaba solo, en el cerro, hasta que un grupo de músicos del rancho donde vivía lo invitó a acompañarlos en una fiesta del 12 de diciembre. “Yo no quería ir porque me daba vergüenza… iba sin saber nada”, cuenta. Esa noche, con una guitarra prestada “para que los clientes pensaran que también tocaba”, cantó casi todas las canciones que le pidieron. “De esa manera empecé mi carrera, muy jovencito”.
Su primera canción fue Tu amor y el mío, y desde entonces ha interpretado cientos más. Aunque hoy también toca guitarrón, vihuela y guitarra, su voz sigue siendo su principal instrumento. “Canto y poco toco”, dice.
Entre todas las canciones, hay una que ocupa un lugar especial, Hermoso cariño, confiesa. “A mi esposa le gusta”, añade, dejando ver que el mariachi, además de oficio, ha sido parte de su historia personal y afectiva.
Con el paso de los años, Don Miguel ha visto cambiar el panorama. Reconoce que el trabajo ha disminuido por la competencia y el uso de bocinas y música grabada. “No es lo mismo… la presencia, la verdad es que la presencia del mariachi se siente”, afirma. Aun así, las serenatas siguen vivas, aunque ahora son menos frecuentes.
“Todavía hay enamorados que quieren llevar serenata”, dice. Actualmente, explica, una serenata con su Mariachi El Águila, puede costar alrededor de cuatro mil pesos por 10 canciones, dependiendo del lugar, aunque también hay quienes lo contratan sólo para una canción.
Más allá del ingreso, lo que le preocupa es la continuidad de la tradición. “Que no dejen caer esa tradición”, pide. “Es la identidad de Jalisco. En todos lados preguntan por el mariachi”.
Consciente del paso del tiempo, Don Miguel mira hacia las nuevas generaciones con esperanza. “Ya hay muchas mujeres mariachis”, señala, y confía en que jóvenes y mujeres sigan defendiendo una música que no sólo se escucha, sino que se siente.
Mientras tanto, él continúa cantando en la Plaza de los Mariachis en el centro de Guadalajara, con su tradicional vestimenta, esperando al siguiente cliente, sosteniendo con su voz y su historia una tradición que, como el mariachi, se niega a desaparecer.

FRASE:
“Yo no quería ir (a una fiesta) porque me daba vergüenza… iba sin saber nada”
Miguel Delgado Olivares




