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La Ahogada, el que la prueba se pica
La jornada electoral del domingo pasado marca sin duda el rumbo del país hacia el 2018 porque constituye la antesala de la elección presidencial en México. Es innegable que en formas distintas el resultado tomó por sorpresa a todos. El resultado, inesperado por su contundencia, deja muchos temas para la reflexión.
El primero de ellos se refiere a la evidente discrepancia entre las proyecciones de las casas encuestadoras y el resultado electoral. Esta diferencia deja claro que lo que se proyecte como resultado durante el proceso no implica de ninguna manera atadura para los electores que deciden el día de la jornada su voto, que el margen de error estadístico es una anotación metodológica susceptible de que la realidad lo amplíe y que las encuestas muchas veces se utilizan para intentar marcar tendencia durante las campañas, sin relación con un resultado previsible. En este sentido hay que dejar de exagerar sobre el uso de las encuestas electorales y esperar de los ciudadanos su decisión.
En segundo lugar llama la atención el alto número de entidades federativas que tendrán alternancia electoral, siete, en contraste con los cinco estados donde repiten gobierno del mismo partido. Además, entre las entidades que cambian de partido están algunas que no habían tenido jamás un gobierno distinto del PRI, lo cual será sin duda saludable para la democracia. Cabe en este sentido preguntarse sobre las causas tanto del cambio como de la permanencia de los partidos en los gobiernos de las entidades federativas. Mucho hay por investigar sobre el particular.
En tercer término están las candidaturas independientes que apenas hace unas semanas se veían como el vehículo para el acceso al poder de figuras emergentes al margen de los partidos y que en esta jornada, salvo un par de excepciones municipales, fracasaron en todos los procesos. Creo que la euforia que despertaron los independientes mucho tenía que ver con la novedad y que sin duda estas candidaturas le han impreso frescura al proceso electoral. Estoy convencido de que la posibilidad de una política al margen de los partidos es un incentivo para que éstos mejoren su desempeño. También creo que se debe ponderar su peso y posibilidades, sobre todo de cara a procesos electorales futuros. Muchos que se ven en esta vía pondrán sus barbas a remojar.
En otra dirección es importante para los electos caer en cuenta de que han generado expectativas altas sobre su desempeño en el gobierno. Para que las predicciones que los analistas empezarán a hacer a partir de esta semana se cumplan, será condición que los nuevos gobernantes trabajen con determinación en el sentido anunciado en sus campañas electorales. Está demostrado que en nuestra democracia los electores pasan sin dudar factura. Cada proceso electoral es ocasión de validar la eficacia del gobierno.
Renovar doce gubernaturas a dos años de las elecciones presidenciales hace que este proceso se vea con razón como la antesala del 2018. En este sentido tiene razón Ricardo Anaya cuando anuncia el regreso de Acción Nacional a la contienda presidencial siguiente, sin embargo éste no será en automático ni producto de la inercia. El PAN debe trabajar en varios frentes para que esto ocurra así. Sobre todo debe mostrarse como alternativa de gobierno.
En Jalisco el PAN debe seguir los pasos de las tres entidades que en un año ganó después de haber dejado de ser gobierno: Querétaro, Aguascalientes y Chihuahua. Particularmente debe esforzarse en su política de encuentro con las personas y sus problemas y en la conciliación interna.
Es buen síntoma que los ciudadanos nos sorprendan con sus decisiones porque finalmente la democracia implica que ellos son los soberanos a los que los políticos debemos servir.
*El autor es presidente del Partido Acción Nacional en Jalisco