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La Ahogada, el que la prueba se pica
Ser ocioso
– ¡Bien muchachos, seamos ociosos!
– ¿Cómo profe? Pues, ¿qué no venimos a aprender valores?
-¡Así es!
-Pues, ¿porqué nos dice que optemos por la madre de todos los vicios que es la ociosidad?
– No, nada de eso. Déjenme explicarles
-Por fa, profe porque me estoy confundiendo.
– Me refiero al ocio contemplativo.
– ¿Qué?
– Déjenme explicarles. El ocio contemplativo es la actitud y estado del ser humano, en el cual se dedica a ver, apreciar y valorar la verdad, el bien y la belleza.
– ¡Oh!
– El ocio contemplativo es lo contrario al ne- gocio. Aquí dejamos de contemplar para comprar y vender. O trabajar en algo para tener dinero y subsistir.
– Entonces, ¿está mal el ne- gocio, profe?
– No, pero, no debemos vivir para trabajar, sino trabajar para vivir.
– Pues, suena bien.
-Tenemos que estar de negocio para luego estar en ocio contemplativo.Ese estado en el que nuestro espíritu se remonta a las alturas y vislumbra los bienes de este mundo.
– ¡Wow! Suena muy bonito profe. Pero, ¿cómo podemos llegar al ocio contemplativo?
– Para eso está la oración, la meditación. Entrar en el templo. De ahí viene contemplar, “cum templum” entrar en tu templo interior y hablar con Dios.
-Uy profe y yo pensé que contemplar era pasarme el tiempo viendo a la chava que me gusta!
¡PLOP!!!
El autor es Director del Departamento de Filosofía de la UAG.