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La Ahogada, el que la prueba se pica
Prudencia en las elecciones
¿Es acaso, estimado lector, que actúa usted por impulsos, por lo que siente en el momento? ¿O, quizá solo reaccione ante lo que la realidad le ofrece? Tal vez, como la mayoría de los humanos, simplemente, somos pasivos o activos ante la vida y todos sus desafíos, logros, penas o alegrías, etc.
Pero, hay un buen hábito o virtud: la prudencia. Ésta, no es otra cosa, mas que la buena costumbre de saber cuándo hablar o cuándo callar; cuándo hacer algo o, simplemente, abstenernos. Esta buena disposición se adquiere a partir de los años; aprendiendo de experiencias de vida; de los éxitos, pero, también, de los fracasos.
Sin embargo, también, la virtud de la prudencia se nutre de la intuición. Así es. Muchas veces no basta lo experimentados que estemos ante una situación para decidir mejor. Hay ocasiones en que hay que escuchar esa voz interna que nos dice: -por ahí-. Pero, teniendo cuidado de que la razón no estropeé esa advertencia que surge en nosotros.
-No des vuelta a la izquierda, – pero, por qué no? Siempre me he ido por ese camino- (dice la razón) y entonces, damos vuelta a la izquierda y hay un embotellamiento o tenemos algún percance vial.
Así que, esa virtud de la prudencia apliquémosla al proceso electoral de este domingo. La prudencia te dice que estudies bien los perfiles de los candidatos. Que conozcas al partido que lo postula. Que veas qué tipo de persona es. Respóndete a las preguntas: ¿Quién es el candidato? ¿Qué reputación tiene? ¿Cuáles son sus logros personales? Y también, escucha a tu intuición, ¿te late votar por él? O ¿ante esa fingida sonrisa vislumbras que algo turbio o malintencionado oculta? En ese caso, abstente.
Tal vez, el otro candidato, el “que parece aburrido”, que quizá no sea carismático ni prometa tantas cosas, sea el bueno. ¡Sí! Aquel que va a trabajar por el bien común, la felicidad de todos los gobernados o representados.
Bueno, pues, este domingo, preparémonos temprano para ir a votar con prudencia. Ya habiendo analizado bien, a cual candidato le vamos a dar el voto – de confianza- para que destine los recursos que entregamos, vía, impuestos al SAT.
– ¿Y de qué escribió hoy profe? –
– De la virtud de la prudencia -.
– ¡Ah! ¿y eso que es? –
– Ya lo vimos en clase. Recuerda que la prudencia es el buen hábito de hacer lo conveniente en cada circunstancia. ¡Bueno, entreguen sus exámenes. Domínguez, este examen viene en blanco. –
– Es que, profe, consideré prudente no contestarlo -.
– ¡PLOP!!!