
Phil Murphy en México
En las narrativas de esta campaña por la gubernatura junto a Pablo Lemus, detengo mi pluma primero para felicitar al equipo político de Tlajomulco por su cálida recepción a nuestro candidato en la cuna de nuestro movimiento. Como bien sabe Pablo, se deja querer, pero además entiende claramente que el desafío que afronta la gran ciudad del sur es lograr una urbe más conectada, compacta, cercana y equitativa. Por esta razón, merecen aplausos las propuestas que buscan mejorar la movilidad desde el Aeropuerto hasta López Mateos. Sin embargo, lo que ha captado mi atención en esta semana es la visita de Lemus a la zona norte de Jalisco y a ello quiero dedicarle mi opinión esta semana.
En el complejo escenario político actual, donde las distintas fuerzas buscan consolidar propuestas significativas, destaca la iniciativa de Pablo Lemus para establecer un presupuesto constitucional destinado a los pueblos originarios de Jalisco. Este compromiso histórico no solo representa un paso hacia la inclusión y el respeto cultural, sino que se erige como un faro que ilumina el camino hacia una sociedad más justa y equitativa.
Pablo Lemus, en su travesía por Huejuquilla El Alto, establece un precedente fundamental al propugnar por un presupuesto constitucional dedicado a preservar la riqueza de la cultura, arte y tradiciones de los pueblos originarios. Este enfoque inicial en localidades como Huejuquilla El Alto, junto con la recepción cálida en Bolaños, donde fue bien recibido vistiendo las prendas simbólicas de las comunidades wixárikas, resalta su interés genuino por conocer de cerca las realidades y necesidades de estos pueblos.
La propuesta va más allá de asignar recursos económicos; implica un cambio en la mentalidad política y una reafirmación del compromiso con la diversidad cultural de México. Reconoce que las riquezas de nuestros pueblos originarios trascienden las barreras de sus tradiciones, arte y cultura, abarcando también el potencial humano que puede florecer con el acceso a oportunidades educativas, sociales y económicas.
Históricamente, las comunidades indígenas han enfrentado desafíos sistemáticos que obstaculizan su desarrollo y preservación de identidad. La iniciativa de Lemus rompe con esa tendencia y abre un camino hacia una sociedad más justa e inclusiva. Al destinar recursos específicos para preservar y promover la riqueza de la cultura indígena, se reconoce la importancia de su contribución a la identidad nacional.
Este compromiso de Lemus no se limita a un gesto político; es una acción concreta que sienta las bases para un cambio duradero. La inclusión de un presupuesto constitucional asegura una asignación sostenida de recursos, garantizando un apoyo continuo a las comunidades indígenas sin depender de fluctuaciones políticas momentáneas.
En lo particular yo inicie mi camino en los movimientos sociales y el activismo ciudadano, por lo que encuentro en propuestas como estas un eco fundamental a la lucha por sociedades más justas e inclusivas. Es el momento de dejar atrás la demagogia en relación con los pueblos indígenas y dar paso a políticas de Estado sólidas y comprometidas con la equidad y la diversidad cultural de México.
En un momento en que la diversidad y la inclusión son fundamentales para el progreso de cualquier nación, la propuesta de Lemus resalta como un faro que ilumina el camino hacia un México donde todas las voces son escuchadas y todas las culturas son valoradas. Este compromiso histórico refuerza la visión de un país que abraza su diversidad como fuente de fortaleza y enriquecimiento, construyendo juntos un futuro más justo y equitativo para todos. Basta de demagogia, es hora de hacer realidad políticas de Estado que reflejen verdaderamente el compromiso con la justicia social.