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La Ahogada, el que la prueba se pica
Piñatas, valiosa tradición
¡Pum, pum, pum! Vaiven exagerado. Brotan pedazos de papel. Colores se resquebrajan. De fondo el “dale, dale dale”, y a veces perdiendo el tino. Otras tantas, certeros palazos.
La alegría fluye. Termina el cántico que marca el tiempo de los golpes. Sigue ávido el otro. “Pas, pas, pas”, violencia bien encauzada, costumbre ancestral, valor mexicano.
Y es que la tradición de las piñatas es algo muy arraigado en el pueblo mexicano. No hay celebración de cumpleaños donde no se rompa una piñata. Las hay, clásicas, en forma de estrella. O del último líder estorbo. También las hay de personajes famosos de estrellas del cine o TV, como de El Chavo del Ocho, de El Chapulín colorado. Abundan también, las de héroes como Batman y la Mujer Maravilla. También, según la película de moda, desde Frozen, Coco y recientemente, Encanto.
Pero, como decíamos, no hay cumpleaños infantil, sin piñata, ni las posadas son las mismas cuando éstas faltan. Ahí entra su origen. En la Época Colonial de la tan atacada, últimamente, Nueva España a manera de catequesis, los evangelizadores idearon una forma simbólica de combatir a los siete pecados capitales. La ira, la gula, la envidia, la lujuria, la pereza, soberbia, avaricia.
Y ¿cómo había que combatir esos vicios? ¡Golpeándolos! De premio a su combate salían frutas y convites como consecuencia simbólica el triunfo sobre el pecado. Así que, el simbolismo estaba dado y esa sencilla enseñanza se volvió tradición.
Sin embargo, como en muchos de los actos humanos, con el paso del tiempo, se pierde la esencia original de una buena acción. Ya las piñatas no son para combatir los pecados. Son una tradición divertida, en la que se aprovecha el momento, para que, después de romper la piñata broten los dulces y los niños se avienten y traten de ganar los más que se puedan.
Sin embargo, hay una contradicción. Si se admira a un personaje o alguno es tu favorito, se escoge la piñata con la imagen del objeto de tus afectos. Luego, lo golpean con saña. Habiendo en ello un acto que despoja al sentido común de su utilidad. Carece de lógica elemental. Si amo protejo, cuido y conservo. No lo contrario, golpeo, destruyo y aniquilo.
O si se trata de combatir lo malo, debería de escogerse un personaje que esté dañando al país o al mundo. De seguro, estimado lector, ya se imaginó a varios “líderes” colgados de una cuerda y apaleados. Sería, al menos, catártico.
Pero, bueno, mientras las piñatas sirvan para pasar un rato agradable con la familia y los amigos, que continúen así. Sin embargo, si nos toca organizar una piñata, prefiramos la estrella que tiene los 7 picos de los pecados capitales y expliquemos a los niños el simbolismo detrás. Ahora sí, “dale, dale, dale con fuerza destruye el odio, la envidia, la pereza y otros vicios que dañan a la sociedad”.
Muchachos vamos a celebrar el fin de cursos.
¡Qué bien profe!
¿De cuál piñata quieren?
De la maestra que nos reprobó.
¡PLOP!!!