Desempleo brutal

Recibe la noticia. Dolor en el pecho. Se contiene el aliento. Las piernas flaquean. Ahora una bocanada de aire. La angustia, enseñorea. Miedo al futro. – ¿Con qué viviremos, con qué comeremos, con qué rentaremos? Tristeza y coraje del pasado. Mi mejor época, mis años juveniles, desperdiciados. Pero ¿qué sigue, a quién acudo, qué hago? –

Estos son algunos pensamientos y sensaciones que experimenta alguien que ha perdido su trabajo. Aunque las circunstancias son distintas la angustia, el miedo y el desasosiego son la característica común del despedido. Incluso, hay quienes se infartan con la noticia, otros mueren al poco tiempo, otros, no solo pierden el trabajo, incluso, a sus familias.

Y pensar que en esta crisis pandémica se han perdido, tan solo el mes pasado (abril 2020) 557, mil, 247 empleos formales, según cifras del IMSS. Más de medio millón de empleos en un solo mes. Más los que siguen. Diversos organismos nacionales e internacionales estiman que la caída del empleo en México, por el COVID-19 y las malas políticas públicas será brutal.

En una nota de Aristegui noticias dice, “El desempleo en México no tendrá precedentes, estima UBS. Con una caída de 7.6% de la economía, el país se encamina a una crisis de empleo sin precedentes, señala el banco suizo”.

Pero, no solo ha sido la pandemia, desde el cambio de gobierno la tasa de empleo formal ha ido disminuyendo. Y no se vislumbra que vaya a crecer, al menos ni al corto ni mediano plazo. Aunque se diga que se crearán dos millones de empleos en los próximos meses. Ojalá fuera así, pero los resultados siempre dicen otra cosa.

Así que, los que tenemos empleo, o un negocio, empresa, puesto, changarro, algo que nos genere el sustento de nuestra familia, hoy en día, es una bendición. Todos al final, trabajamos para otros. Nada de que yo soy solo empleado y si el sueldo es poco, pues trabajo poco. No. ¡Hay que dar siempre más de lo que se espera de nosotros! El premio siempre llega, tarde o temprano.

Recuerdo el Texto de Og Mandino, “El Memorándum de Dios” que decía -palabras más, palabras menos, “da más de ti… haz lo que tienes que hacer, y un poco más, y deja que sea yo, Dios, quien te recompense”.

Hay que conservar nuestro trabajo, siendo responsables y haciéndolo lo mejor que se pueda. Si somos empleados, “ponerse la camiseta de la empresa”, dar lo mejor de uno mismo. Llegar a tiempo. Cumplir con diligencia y honestidad. Ser profesionales.

Si se tiene un negocio, brindar un excelente servicio con calidad. Cobrar lo justo. Entregar pronto. Satisfacer al cliente y superar expectativas.

Pues, hoy en día, tener trabajo, ya será en sí, un factor, si no de riqueza, al menos de vida.

Esposa: -¿De qué escribiste hoy?-
Esposo: -De los desempleados que no pueden llevar dinero a casa.-
Esposa: -Que bueno que tocas el tema.-
Esposo: -¿Por qué?
Esposa: -Si no traes dinero a casa, no entras.-
¡¡¡PLOP!!!