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La Ahogada, el que la prueba se pica
Consecuencias del acto humano
Dos son las consecuencias de los actos humanos, libres y conscientes. Una es la imputabilidad, que es la atribución del acto a su realizador. Así, podemos expresar que, tal o cual acción, se le señala o atribuye a tal persona. “El crimen que se le imputa al acusado”, por ejemplo.
Estemos, por tanto, conscientes de que cada acto realizado se nos atribuirá ahora o después. Por eso mismo, nuestros actos siempre deben ser rectos y responsables.
Por su parte, el término responsabilidad es de un significado muy interesante. Su etimología viene del latín “res”, que significa cosa y, de “sponsare”, que es nada más y nada menos que, casarse. Luego, el responsable es “el que se casa con las cosas”.
Al casarnos, en la fórmula del matrimonio decimos a lo que nos comprometemos. “Yo fulanito te acepto a ti menganita y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y amarte y respetarte todos los días de mi vida” y, la otra persona, repite lo mismo.
Entonces, así como en nuestro casamiento adquirimos derechos y deberes, el responsable, “contrae nupcias” con las consecuencias de sus actos.
Una persona con responsabilidad es quien se hace cargo de las cosas, que -responde- por sus actos. Y es aquí donde cabe reflexionar, ¿qué tan responsables somos en lo personal? ¿Somos responsables con lo que hemos recibido de nuestros padres? ¿Somos responsables en nuestros estudios? ¿Somos responsables en nuestro trabajo? ¿Somos responsables ante la sociedad o ante Dios?
Cada uno “respóndase” a sí mismo.
– ¿De qué escribiste hoy? –
– De que hay que ser responsables -.
– ¡Ah, qué bien, porque hoy, hay que pagar el predial, la mensualidad del carro y las colegiaturas. –
¡¡¡PLOP!!!
El autor es director del Departamento de Filosofía de la UAG.