
Libros de ayer y hoy
¡¡¡Fiuuu!!! ¡Qué añito! ¡No queremos otro igual! Es que este 2020 se ensañó con el mundo. Antes, las epidemias eran localizadas en cortos márgenes, en una zona, en un país. Esta enfermedad, dadas las facilidades en la comunicación global, se esparció por casi todo el mundo.
Primero China, luego, Italia, España, México, Estados Unidos y otros más. Y todavía seguimos aguantando las consecuencias de esta crisis. Ya hay rebrotes en otros lugares donde ya se “había domado”. Aquí en nuestro país, no paran los contagios.
Y ¿cómo no habrá contagios? Somos como sociedad, muy irresponsables. Si sabemos que el cubrebocas puede ayudar a evitar contagios, lo usamos mal. Ahora es una nueva prenda. El “porta papadas”, nuevo invento, muy mexicano por cierto.
Hace unas semanas fui a una fiesta de una señorita que cumplió quince años. (No digo una fiesta de quince años porque a estas alturas de mi vida, no aguanto ni un día). Bueno, el caso es que, al entrar al salón de eventos, los protocolos se cumplieron bien. Todos llevaban cubre bocas, se ponían gel y hasta nos dejábamos tomar la temperatura.
Después de la cena, ya nadie traía cubre bocas. Solo los meseros, el fotógrafo y un servidor. De ahí en fuera, alrededor de 200 personas bailando, libando y disfrutando sin ninguna protección. ¿Cuántos salones de eventos hubo así en la ciudad ese día? ¿Cuántos contagios habrá habido?
También, en este año 2020, nos llevó millones de empleos. ¿Cuánta gente ya no tiene trabajo y a empezar de nuevo? Mi esposa perdió su empleo, mi hija mayor también. Ya no son simples estadísticas, números que uno ve. Cuando ya las cifras están de forma vivencial, se siente lo duro de todo esto.
Y tal parece que, a nuestras autoridades, bueno a casi todas, les importa un comino lo que pase. Ellos quieren ganar elecciones, tener a su clientela electoral. Mientras sean sus fieles seguidores no les importa nada. Ellos quieren hacer sus negocios y enriquecerse a como dé lugar. Total, ¿no sigue siendo México el Cuerno de la Abundancia?
Pues sí, este año fue difícil. Bueno, todos los años tienen sus dificultades y sus oportunidades. También, por la pandemia y el aislamiento hubo más acercamiento familiar, solidaridad y unión, en muchos casos. Valoramos lo que teníamos y que, ni cuenta nos dábamos. ¿Cuántas veces criticábamos a otros y ahora, ya quisiéramos estar con ellos o volvernos a reunir?
Sí, no todo es malo. La vida es como una moneda. Tiene sus dos caras. No se trata de aventarla al viento para ver qué lado nos cae. Siempre está rodando. Unas veces cae cara, la otra, sol. Si cae el lado bueno, aprovecharlo, disfrutarlo. Si cae el otro pedir porque salgamos avante. Esforzarnos, luchar.
Pero, de plano, esperemos que el próximo año sea mejor, que éste y, ¿si no? No. No quiero pensar que no.
El autor es director del Departamento de Filosofía de la UAG.