Humor involuntario:

A veces los políticos compensan los malos ratos que nos ocasionan, con pequeñas dosis de humor involuntario. Equivocaciones que han provocado sonrisas, o francas carcajadas y han llenado páginas enteras de la historia no oficial de la política mexicana.

Desconexiones flagrantes entre la lengua y las neuronas, equivocaciones de contexto, cuentas que no cuadran o conceptos que violentan la más elemental lógica. Un catálogo de barbaridades que en ocasiones parecen simples burradas y en otras, desmesuradas evidencias de ausencia de cultura general.

Comencemos por aquel histórico informe de gobierno de Luís Echeverría y su célebre frase: «ni nos beneficia, ni nos perjudica, sino todo lo contrario». Sigamos con aquel gobernador nayarita que, al finalizar una transmisión en vivo de la BBC de Londres, de un eclipse, que pudo verse mejor desde la latitud de su entidad federativa, declaró a la televisión en vivo que: «las fuerzas vivas de su partido estaban muy complacidas con el desarrollo del eclipse». Ya que estamos en temas astronómicos, podemos rememorar la astronómica metida de pata de un diputado local, que se ganó el sobrenombre de «diputado Armagedón», porque pretendía legislar para proteger a la población de su distrito electoral contra una eventual lluvia de meteoritos.

Vicente Fox tiene un largo catálogo de gazapos, pero baste recordar cuando comprometió la relación bilateral al afirmar a un embajador de aquel país, que en Estados Unidos los mexicanos hacen los trabajos que ni los negros quieren hacer. Tal vez proceda anotar el episodio bochornoso que protagonizaron Felipe y Margarita, cuando un error de operación de audio en un evento oficial dejó abiertos los micrófonos de solapa y los asistentes pudieron atestiguar una severa gresca de pareja en la que el epíteto de borracho se escuchó con toda claridad.

¿Qué decir de Peña Nieto? ¡Cómo le hace falta a México el pitorreo de cada día, narrado en memes inolvidables! Al menos ese presidente pintaba sonrisas cotidianas, aún sin querer hacerlo, en los rostros de sus gobernados. Imposible enumerar las desconexiones neurolingüísticas del último huésped de Los Pinos.

Pero, en estos días Andrés Manuel y Cuauhtémoc Blanco se despeñaron, o al menos se «apeñaron», al tiempo que apenaron a sus seguidores. El Primer mandatario, en su afán de denostar al diario Reforma, afirmó: «se deprecia el peso, dice el Reforma, está a más, creo que de… 20.4, pesos por dólar… y yo voy a la información…no, afortunadamente no estaba así, estaba…creo que en 21.70… mienten, sistemáticamente, porque quieren que nos vaya mal»…

El que se voló la barda, aun siendo futbolista, fue el Gobernador de Morelos: el «Cuauh» afirmó contundente ante los medios. «Nadien, de las administraciones pasadas ha detenido a siete personajes peligrosos. Nos faltan cuatro de diez» … Imposible ayudarles

Ante esta mezcla de estupor y pena ajena, nos resta proponer, tímidamente, las opciones de hoy…

a) La sobre exposición de los personajes públicos ocasiona furcios y gazapos con más frecuencia de la que quisieran sus asesores de imagen

b) La necesidad de figurar de los políticos les lleva a cometer errores premeditados, con tal de acercarse a la simpatía de sus gobernados.

c) Las masas, ávidas de risas, para evitar los llantos ante la realidad, presionan psicológicamente a sus dirigentes, para que les diviertan, aún a pesar suyo

d) Nos ha gobernado una recua de acémilas. El pueblo tiene el gobierno que se merece…