Descomplicado
Hoy día hay descalificaciones por motivo de las noticias falsas, (fake news) que remiten al fenómeno de la opinión pública quienes no logran desglosar y entender la gravedad del tema, está en crecimiento constante; cuando las estructuras de las esferas públicas no promueven la cultura de la verdad, pues las plataformas digitales están desmantelando lo que había de espacios para compartir criterios de discusión, en la lógica de producción de mensajes que se van instrumentando basados en la mentira y lo no real, entonces la atención se fragmenta, como cámaras de eco y permea en la sociedad.
El bien común no se basa en esquivar la realidad en que vivimos, sino desgraciadamente en poner el termino de noticias falsas o fake news, que ya tiene al menos una década en el debate que se consideraba un atraso para los medios de comunicación; por ello autores sobre el tema decidían que debía quitarse ese término, cuando este se volvió incomodo para la sociedad, entonces otros estudiosos del tema planteaban: el contenido es falso y tiene la intención deliberada de hacer daño, como información errónea, desinformación e información maliciosa; y entonces fueron categorías explicadas por los investigadores sobre el tema.
Claro, que no son los mass media, los responsables sobre esas categorías de mal informar sino agentes colocados para dañar a instituciones y personas, según sea necesario, aunque es obvio que esa descalificación que se hace viral luego es descubierta evidenciando a quien financia e implementa esas estrategias que después son evidenciadas y castigadas, por la misma opinión pública al rechazar sus contenidos.
Por otra parte, cuando circula la información se referencian al menos los motivos que hay detrás de ello, y se describen los económicos, políticos, sociales y psicológicos, que buscan posicionar temas creando una errónea formación de la opinión pública, a quienes pretenden posicionar ideas, aunque sean falsos los hechos, pero cuando se viralizan imágenes y contenidos producen una contaminación del ecosistema visual y cerebral a través de las redes sociales, que se reproducen, se amplifican sobremanera por los demás, sin importar la fuente de origen.
Por definición los riesgos que hay en el manejo de la información entra el panorama de la avalancha de Inteligencia Artificial, hoy día en que se puede clonar voces y hacer mover fotografías, ya cualquiera lo puede realizar, con el riesgo total de faltar a la verdad y la ética profesional, personal y en colectivo. Este es el dilema del siglo en que hoy vivimos con demasiadas noticias unas manipuladas y otras producidas a modo de cada interés, alcanzando un punto crítico de división de audiencias, en que la gente crea en un engaño o se deje de creer en las evidencias de lo verídico que realmente ocurrió.
Nos corresponde hacer una selección de contenidos como consumidores de noticias, somos hoy día testigos de mensajes que van y vienen sin ocuparnos de su legitimidad, y lo peor es que compartimos esos datos sin conocimiento de verificación de cuentas, y entonces tomamos una bandera sin saber la razón real, en los hechos y manifestaciones que no presenciamos ni nos constan, caemos en un vacío informativo hacia la invención de reproducir datos erróneos que son con intereses ajenos a nuestro criterio inclusive formar de razonar y pensar. Hay como una asimetría estructural cuando crear una mentira es fácil y rápido de hacer, pero crear y posicionar una verdad, tarda en su elaboración y fijación ante los consumidores de noticias.
Ante ello qué hacer ante narrativas equivocadas, buscar soluciones apropiadas, con temas integrales, con valores y principios, necesitamos una alfabetización digital para no compartir lo que no sabemos de origen; saber discernir de manera directa para quitar lo tóxico del contenido, con buen criterio y formar opinión sustentada en buenos contenidos, no podemos ignorar la marea masiva de confusión que rompe esquemas y perturba la tranquilidad social de un diacon mentiras y otro también. ¡hágale pues!