¡¡¡PLOP!!!
“Cuando la ansiedad y la depresión marcan el rumbo”
Con más de 21 años de trayectoria como académico en distintas universidades de Jalisco y otras entidades del país, desarrollo esta columna con una reflexión profunda sobre una realidad cada vez más visible, pero frecuentemente ignorada en las aulas: el deterioro de la salud mental en estudiantes universitarios. Desde mi experiencia como docente, consultor y columnista, planteo que detrás del entusiasmo, metas y proyectos de miles de jóvenes también existe un “gran silencio”: estudiantes que viven ansiedad, depresión, aislamiento emocional y crisis internas que muchas veces pasan desapercibidas.
El objetivo del texto es generar conciencia sobre la importancia de la atención oportuna en salud mental, particularmente en el entorno universitario (campo donde he visto pasar más de 5 generaciones de jóvenes), así como cuestionar qué están haciendo familias, docentes, autoridades educativas y sociedad para atender este fenómeno. Además, busco romper paradigmas y tabúes, destacando que la salud mental debe asumirse como parte esencial de la vida cotidiana y no como un tema secundario o estigmatizado, es “Canasta Básica”.
Para enriquecer la investigación, reuní cinco voces especializadas que permiten entender este problema desde enfoques complementarios: vivencial, social, terapéutico, clínico y legal.
Testimonio vivencial: la voz desde el aula
La estudiante universitaria de psicología Ana Camila, en su entrevista describe que la ansiedad y la depresión suelen experimentarse de manera silenciosa dentro de las universidades. Muchos estudiantes mantienen un aparente buen desempeño académico, mientras internamente enfrentan agotamiento, desesperanza, presión constante y sensación de vacío. Se ha normalizado vivir saturados emocionalmente, como si el sufrimiento fuera parte inevitable de la vida universitaria.
Explica que el miedo al juicio social sigue siendo uno de los principales obstáculos para buscar ayuda: muchos jóvenes temen ser vistos como débiles, exagerados o incapaces. A ello se suman la falta de apoyo familiar y la invalidación emocional. También advierte que los servicios psicológicosdentro de los centros universitarios tienen grandes retos, aunque existen en varias instituciones de forma integral, suelen ser insuficientes o poco visibles. Propone fortalecer programas de difusión, socialización, preventivos, capacitar a docentes para detectar señales de riesgo y abrir espacios permanentes de diálogo sobre salud mental y prevención del suicidio. Su mensaje central es que pedir ayuda no es una señal de fracaso, sino un acto de fortaleza.
Enfoque social: condiciones estructurales y bienestar
La Dra. en Ciencias Sociales Laura Cristina Cortés Ornelas, especialista en bienestar social, aporta una mirada estructural: considera que el aumento de los problemas de salud mental en universitarios no puede explicarse únicamente desde la psicología individual, sino también desde los cambios en el mercado laboral y su impacto en las familias. La precarización del empleo en México ha generado hogares donde ambos padres trabajan jornadas extensas, muchas veces en condiciones inestables, lo que reduce el tiempo de acompañamiento, escucha y supervisión.
La especialista sostiene que esta transformación social ha debilitado los cuidados familiares y ha dejado a muchos jóvenes expuestos a incertidumbre, frustración y falta de soporte emocional. Para ella, la salud mental juvenil se encuentra en la intersección entre precariedad laboral, fragilidad en los cuidados e incertidumbre sobre el futuro.
La Dra. Cortés menciona que según la ENOE (INEGI) de diciembre 2025, la informalidad laboral nacional se ubica en 54.6% y en Jalisco en 53.7%. Esta precariedad genera familias donde ambos padres trabajan en condiciones de alta exigencia, bajos ingresos y poca estabilidad. Esto es, un problema estructural de bienestar social y mercados laborales, donde la ENSAUT (del Instituto Nacional de Salud Pública en conjunto con la Secretaría de Salud en México), hace referencia que el 6.5% de adolescentes ha intentadosuicidarse alguna vez.
Su conclusión es que el problema no se resolverá solo ampliando servicios psicológicos o psiquiátricos; también requiere atender condiciones de trabajo, ingresos y bienestar social.
Perspectiva terapéutica: detección e intervención temprana
Por su parte, la Mtra. Eustolia Martínez Rodríguez, psicóloga y terapeuta especializada, destaca que, aunque las nuevas generaciones a nivel escolar básico muestran mayor apertura hacia la terapia, en la etapa universitaria persiste el temor al estigma. Muchos estudiantes ocultan su malestar porque temen ser considerados frágiles o incapaces para enfrentar la vida adulta. A esto se suma que, en algunos hogares, persisten discursos que minimizan la salud mental y desacreditan la atención psicológica.
La especialista explica que las técnicas más eficaces para tratar ansiedad y depresión incluyen enfoques cognitivo-conductuales, activación conductual, resignificación cognitiva y mindfulness. Sin embargo, enfatiza que el trabajo con el entorno familiar es igual de importante, ya que la funcionalidad del hogar influye directamente en la capacidad de los jóvenes para gestionar conflictos y emociones. Señala como alertas graves la desesperanza persistente, agotamiento extremo, pérdida de sentido de vida e ideación suicida, aunque insiste en que no debe esperarse a una crisis para acudir a terapia.
Enfoque clínico: la importancia del diagnóstico oportuno
La Dra. en Psiquiatría Irma Gabriela Navarro Machuca explica que los primeros signos clínicos de ansiedad y depresión en universitarios suelen confundirse con el estrés normal de la vida académica. Entre ellos menciona insomnio, irritabilidad, preocupación constante, pérdida de interés, fatiga persistente, cambios en el apetito y pensamientos negativos recurrentes.
Advierte que retrasar el tratamiento puede agravar considerablemente los cuadros clínicos, afectando el rendimiento escolar, las relaciones personales y el proyecto de vida. En casos severos, puede derivar en conductas autolesivas, abuso de sustancias o ideación suicida. La especialista subraya que la medicación no debe verse como un estigma, sino como una herramienta médica que regula procesos neurobiológicos alterados y facilita que la persona recupere estabilidad. Desde su experiencia, el mayor riesgo actual es la normalización del malestar y la falsa creencia de que soportar el sufrimiento en silencio es sinónimo de fortaleza.
Perspectiva legal: derechos y protección institucional
Para finalizar, la abogada especializada en menores infractores, Lic. Lizzette Yaneth Fuentes Ruiz aporta la dimensión jurídica, señalando que la salud mental está protegida por el derecho a la salud y que muchas situaciones de violencia que afectan a universitarios tienen implicaciones legales. Violencia psicológica, acoso, violencia sexual, digital o intrafamiliar pueden ser factores detonantes de ansiedad y depresión y están tipificados en la legislación federal y en los estados.
Explica que uno de los principales problemas es que estas conductas suelen normalizarse y no denunciarse por miedo, dependencia emocional o desconocimiento legal. Resalta que las instituciones educativas tienen la obligación de activar protocolos, investigar, sancionar y proteger a las víctimas. Su reflexión enfatiza que hay violencias silenciosas que no dejan marcas visibles, pero sí destruyen emocionalmente a quienes las padecen.
La abogada Fuentes Ruiz coincide con la perspectiva médica al afirmar que la salud mental forma parte del derecho constitucional a la protección de la salud. Ignorar untrastorno mental con el mismo peso que una enfermedad física puede generar omisiones graves que aumentan la vulnerabilidad del estudiante, tanto clínica como legalmente.
La Lic. Fuentes concluye con la frase de que;
“Hay violencias que no dejan moretones, no se denuncian, no hacen ruido, no escandalizan a la sociedad, pero sí destruyen a los jóvenes”
Reflexión y conclusión
Por lo tanto, la ansiedad y la depresión no son debilidades ni etapas “normales” de la juventud universitaria. Son condiciones que requieren observación, empatía y atención profesional. Su investigación busca generar una reflexión colectiva en: padres, docentes, universitarios, autoridadesescolares, dependencias públicas vinculadas y sociedad no deben ser indiferentes ante las señales de alerta.
Para un servidor, hablar de salud mental es una responsabilidad social y una forma de prevención. Reconocer a tiempo el aislamiento emocional, la desesperanza o el cambio de conducta puede salvar vidas. Como mensaje final es, que atender la salud mental debe asumirse con la misma naturalidad que atender cualquier enfermedad física; dejar de ser omisos y abrir espacios de escucha es fundamental para derivar a las áreas y profesionistas especializados para acompañar a los jóvenes en una etapa decisiva de su vida.
Este silencio no es voluntario ni caprichoso; es el resultado, de múltiples presiones que se acumulan en una etapa crítica, de su vida.
“El inconsciente es el verdadero motor de nuestras acciones.” - Sigmund Freud
P.D. para leer el artículo completo visita:
Por: Mtro. Alejandro Verduzco Mendoza
Mercadólogo y Analista Político
“X” @averduzcom




