¡Todos los hombres son infieles!!! Suelen decir muchas mujeres a las que quizá algún novio o de plano su marido las mancilló con el filo de la infidelidad. Pero, los hombres no nos quedamos atrás. Solemos decir: “Todas las mujeres son histéricas”. Eso cuando nos toca enfrentarnos a las, a veces difíciles de controlar, emociones femeninas.

Y la verdad, ni todos los hombres son infieles, ni todas las mujeres son histéricas. Hay muchos varones que jamás le han faltado a sus esposas o novias. Así, como también, muchísimas féminas que se controlan y no andan haciendo alarde de fuertes y desbordadas turbaciones.

El problema es que, a una situación problemática o que de cierta manera nos causa cierto estrés o incluso, lo contrario, admiración, por ejemplo, tendemos a generalizar. Lo anterior, no es otra cosa, sino hacer juicios universales de las cosas. Y hacer juicios es dar calificativos, poner etiquetas. Por ejemplo, si el chofer del autobús al hacerle la señal de parada, no se detiene a subirme, digo, “todos los choferes del transporte público son de lo peor”. Ahí estoy universalizando. A todos los muy sufridos trabajadores del volante, en su mayoría, los estoy poniendo como irresponsables, corruptos, neoliberales, perdón, como malos choferes.

Y entonces, ¿qué se necesita para pensar bien?  Pensar con lógica. Y aunque la lógica es el instrumento de la filosofía (“organon”, como la llama Aristóteles) y, puede ser muy complicada, ya como disciplina, hay una lógica natural y de sentido común.

Para aplicar esta lógica natural, por decirle de algún modo, no debemos hacer juicios “ a priori”, estos son calificativos previos al conocimiento. ¿Cuántas veces por ejemplo, decimos, –¡qué mal me cae ese tipo!- y resulta que cuando lo tratamos es muy diferente al concepto que teníamos de él?

Tampoco debemos generalizar. Como lo dijimos antes, si alguien es de tal o cual manera, no necesariamente todo su grupo será igual. –“Todos los gueritos son fifís”- o “Todos los morenitos son chairos”. Pues no. Eso es discriminación, que está fuera de lo real.

Tercero, debemos tener ideas claras de los conceptos, es decir, de lo que son las cosas, de su definición. De otra  manera, no sabríamos de qué estamos discutiendo. Por ejemplo, no es lo mismo, el gato doméstico, al gato hidraúlico o al “gato” que va por los refrescos.

Hay que también, tomar en cuenta la realidad. Muchas veces nuestra mente está fuera de lo real y, así, va a ser muy difícil pensar o hablar con lógica. Por ejemplo, quiero construir un aeropuerto donde muy cerca está un cerro. Pues, como que estorba un poquito, ¿no?

Quinto, muchas veces negamos nuestra experiencia y nuestros buenos raciocinios, porque otra persona, que se supone más docta que nosotros, piensa diferente o, al contrario, desechamos los juicios de otros solo porque son de otra etnia, o de otro color o de otro partido político.