¡¡¡PLOP!!!
El acoso sexual callejero es uno de los actos violentos más comunes en contra de las mujeres, expresiones o conductas de connotación sexual de una persona a otra que generen una situación intimidatoria, de incomodidad y degradación en lugares públicos generalmente con contacto físico.
Esta situación incómoda que todos los días viven miles de mujeres en el país, ahora le tocó a la presidenta Claudia Sheinbaum, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, con todo y el equipo de seguridad que debería cuidar de la integridad de la presidenta, sucedió, y al margen de teorías que han surgido en redes sociales sobre sí esto fue montado por el equipo de Palacio Nacional, es innecesario exponerla de esa manera.
Para poner en perspectiva este hecho tan común para muchas mujeres, a lo largo de este año se han registrado 9 mil 930 llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de acoso u hostigamiento sexual a nivel nacional, siendo la Ciudad de México la entidad con mayor número de casos mil 107, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Como la presidenta, el 45.6 por ciento de las mexicanas ha experimentado esta violencia en el espacio público alguna vez en su vida, según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), lo que evidencia una realidad profundamente arraigada que exige atención urgente.
Lo sucedido nos deja la reflexión, como ella mismo lo dijo en la mañanera: “Si esto le hacen a la presidenta, ¿qué va a pasar con las jóvenes mujeres en el país?”.
De acuerdo con la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, el acoso sexual en espacios públicos está tipificado en el artículo 16 Bis de esa ley, pero no está tipificado a nivel federal y solo 26 entidades federativas se prevé como un delito, mientras que en Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Colima, Hidalgo y Tabasco no se considera un delito.
Por otro lado, el acoso sexual no es un delito autónomo en entidades como Baja California, Chihuahua, Hidalgo y Tabasco, ya que se regula dentro del delito de hostigamiento sexual y establecen una pena baja cuando no existe una relación de subordinación o posición jerárquica del agresor respecto de la víctima.
Para efecto, es necesario que las mujeres denuncien, pero en la mayoría de los casos no sucede por el tiempo que se requiere para presentarla, miedo, o son revictimizadas, y finalmente la impunidad es lo que garantiza que no se cumpla la ley.
Necesitamos castigos e intensas campañas efectivas en contra del acoso callejero, pero que surtan efecto, tenemos algunos ejemplos como los puntos violetas en la Ciudad de México o los puntos púrpura en Jalisco, programas que se deben socializar más y medir los alcances de los mismos.
Este hecho nos recuerda la realidad en la que vivimos, que el estado nos debe brindar seguridad y garantías para transitar en la calle sin correr ningún tipo de peligro del que ni la presidenta pudo escapar.