Tortas para los tragones
Con el paso del tiempo hemos entendido algo muy profundo: la paz también se construye desde la convivencia cotidiana, desde la manera en que habitamos nuestras ciudades y desde la capacidad que tenemos de encontrarnos como comunidad.
Por eso hoy estoy convencido de algo: la paz comienza en el espacio público.
En las plazas, en los parques, en las calles, en las canchas y en los espacios comunes donde las personas conviven, dialogan y generan identidad colectiva. Ahí es donde realmente se construye ciudad.
Durante el mes de mayo vivimos una experiencia profundamente significativa con los Festivales por la Paz impulsados por la Subsecretaría de Derechos Humanos del Gobierno del Estado de Jalisco, encabezada por el Dr. Alberto Bayardo, en coordinación con los gobiernos municipales de Zapopan y Tlajomulco. Más allá de los eventos culturales y recreativos, estos encuentros nos permitieron confirmar algo muy poderoso: las personas sí quieren participar, sí quieren convivir y sí quieren recuperar sus espacios públicos.
Vimos familias completas apropiándose nuevamente de parques y plazas. Niñas y niños jugando en comunidad. Jóvenes mostrando su talento artístico. Vecinas y vecinos organizándose para compartir actividades y fortalecer el sentido de pertenencia de sus colonias.
Y eso tiene un enorme valor.
Porque una ciudad donde las personas ocupan el espacio público es una ciudad más viva, más segura y más humana. Cuando los espacios públicos se abandonan, el tejido social se debilita. Pero cuando la comunidad los hace suyos, se convierten en puntos de encuentro, identidad y construcción de paz.
Desde hace muchos años he impulsado temas relacionados con la participación ciudadana, la gobernanza, la cultura de paz y el derecho al espacio público. Hoy esa visión evoluciona hacia algo todavía más amplio: el derecho a la ciudad.
El derecho a la ciudad implica entender que todas las personas deben poder vivir, transitar, convivir y disfrutar la ciudad en condiciones de dignidad, accesibilidad y bienestar. Significa poner en el centro a las personas y no únicamente a la infraestructura.
La ciudad no puede reducirse a concreto y vialidades. La ciudad es comunidad, memoria, convivencia y oportunidad. Por eso debemos seguir apostando por políticas públicas que fortalezcan la vida comunitaria y que devuelvan sentido humano a nuestros espacios urbanos.
Los Festivales por la Paz demostraron que la cultura, el arte, el deporte y la convivencia también son herramientas de transformación social. Que la paz no se impone: se construye desde abajo, desde la colonia, desde el barrio y desde las relaciones humanas.
Hoy más que nunca necesitamos ciudades donde las personas se conozcan, se escuchen y se reconozcan. Ciudades donde el espacio público vuelva a ser el corazón de la vida comunitaria.
Desde el Congreso del Estado de Jalisco estamos listos para seguir realizando aportaciones que abonen a esta construcción colectiva. Porque creemos en una ciudad más humana, más participativa y más justa.
Y porque al final, construir paz también significa recuperar la posibilidad de convivir y vivir plenamente nuestra ciudad.




