¿NUEVA NORMALIDAD O ANORMALIDAD?

Ya nos llegó el día de la reactivación y aún no se ve por dónde. Muchos mexicanos que siguieron a pie juntillas la información emitida por el Gobierno Federal la semana pasada asumieron optimistamente que hoy todo volvería a la normalidad. Y es que ese el problema cuando los anuncios espectaculares crean expectativas sociales que no se pueden satisfacer.

La falta de certidumbre económica y social provocada por decisiones contradictorias ante la pandemia por parte del Gobierno Federal ha aumentado el desánimo y el desconcierto en la población respecto al futuro inmediato.  

El programa de apoyo a pequeños y medianos comercios podría ser una de las herramientas más sólidas para devolver certidumbre y hacer que una normalidad, nueva o no, se parezca a la vieja normalidad. Pero por ahora parece que nos acerca a una anormalidad. De los 2 millones de microcréditos ofrecidos, solo fueron solicitados 191 mil 981 a través del IMSS y 250 mil han sido otorgados por la Secretaría del Bienestar. El bajo impacto de este programa resulta evidente.

Si a estos números se agregan los de los cierres de miles de pequeños y medianos negocios, con las consecuentes pérdida de empleos, caída de ingresos y poder adquisitivo de las familias, incesante carestía de los productos básicos, elevados índices de violencia e inseguridad traducidos en robo de vehículos, asaltos carreteros de insumos, extorsiones, acoso y violencia contra mujeres, el panorama resulta todo menos normal.

Muchas personas están en estados anímicos tensos, en entornos que les llenan de temor y enfado por el encierro. Y la normalidad se convierte en un intangible como la libertad en medio de una dictadura, o la esperanza en el centro de una tormenta económica recesiva. En estas condiciones la certidumbre es un requerimiento tan importante como el alimento material, y los programas debería empezar a mostrar su eficiencia para conseguirla.

Ya son varios los Estados que ante la incertidumbre proponen planes de recuperación, que más bien son un catálogo de buenas intenciones, elaborados con planeaciones al vapor y sobre las rodillas, pero que al menos ofrecen rutas alternas a la ciudadanía.

Ha iniciado la reconsideración de las industrias automotriz, minera y de construcción, como prioritarias, pero eso al ciudadano medio le resulta tan ajeno, como el inicio de las obras del Tren Maya o la refinería de Dos Bocas,

Tampoco ayuda la decisión del Gobierno estatal, en el caso de Jalisco para regresar a clases hasta el próximo ciclo. La medida es estadísticamente prudente, pero aprieta el estado de ánimo, ya de por si tirante de miles de padres que esperan ver de nuevo a sus hijos corriendo y jugando como si fueran niños. La SEP por su parte insiste en regresar este 1ro de junio. Este estira y afloja no pasa desapercibido, la población lo registra, se da cuenta y concluye: si ellos son los que deben saber y no saben, qué nos dejan a nosotros; esto sintetiza el desánimo.

El ánimo social es de desaliento y desconcierto. El desconcierto que hay sobre la pandemia y sobre la conducción de la emergencia sanitaria explica el desaliento de la sociedad, y deja una fuerte tarea a las autoridades de todos los niveles y a la sociedad misma, que es corresponsable. Por lo pronto la nueva normalidad, ni parece novedosa, ni resulta como la vieja y conocida realidad anterior.

PRUEBA DE FUEGO

Luego de las diferencias de opiniones que ocasionaron los anuncios del Gobierno de Jalisco en torno a la reapertura de negocios, lo cierto es que este lunes arrancaron los trámites para miles de comerciantes que tendrán que pasar por un proceso para poder abrir.

Mandar correos, recibir formularios, reenviarlos, esperar verificadores, implementar medidas de prevención e higiene y hasta por fin llegar a la deseada calcomanía o distintivo de reapertura es un camino a seguir.

El Gobierno de Jalisco tiene en este proceso de la Fase Cero una gran prueba para demostrarle a la ciudadanía que será ágil y eficientemente, porque con el desgaste en el que se encuentran los jaliscienses, ya no soportarían otro golpe más.

Es tanta la urgencia de reactivar sus negocios que muchos se arriesgaron y este lunes abrieron sus puertas sin contar con el distintivo que los avale en el cumplimento de protocolos.

No les importó que puedan clausurar sus negocios no esenciales, todo con tal de recuperar un poco de ganancia, es que perdieron durante mes y medio estuvieron cerrados.

Esperamos que no sufran un trago amargo por esa desesperación y que la sanción le salga más cara que el haber realizado los trámites de reapertura.

CARNE EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Es una vergüenza que los acaparadores de carne en Jalisco, se aprovechen de los productores que se encuentran desesperados y les compren su ganado a precio muy bajo, dejándoles ganancias en muchos casos, por debajo de lo que le sale a ellos la producción.

Y lo peor es que además de comprarla barata, se aprovechan también del consumidor y ofrecen la carne ya en expendio a un precio muy alto, por arriba de lo normal.

Por ello, es buena la idea que tienen los de la Unión Ganadera de Jalisco. Irse a los municipios, comprar la carne directamente con los productores locales, decirle al ayuntamiento que les ayuden a prepararla en sus rastros y ofrecerla al público a precios bajos por medio de paquetes familiares.

Esto sin duda ayudará a los pequeños productores y también a las familias en temporada de pandemia.