La IA y el riesgo de reproducir las mismas brechas de siempre
Antes que nada, quiero aclarar que el título de mi columna de esta semana no evoca a una antítesis de la relación denominada poliamorosa, no, ese es tema que ya tocaré posteriormente, porque también es digno de análisis.
A lo que hoy me voy a referir es al odio sistemático hacia los oficiales de la ley, que se ha visto alimentado por algunos medios de comunicación, apoyados por millones de internautas, que condenan la acción de las fuerzas policíacas, sobre todo durante las recientes manifestaciones, y no me refiero a las de París o España, porque mejor voy a enfocarme en un punto geográfico más cercano, como lo es la Perla de Occidente, Guadalajara.
Las protestas multitudinarias en tierras tapatías iniciaron por la mala calidad del agua, aunque ya ahora se han tomado otras muchas banderas como pretexto, incluyendo, desde luego, a las banderas de los partidos políticos que buscan jalar agua (aunque esté contaminada) para su molino y, aunque aseguraron que era un movimiento pacífico, la violencia no se hizo esperar y ya sea por llamados infiltrados, o por lo que usted guste, pero quienes pagaron “el pato”, además del raspón que le dieron a las autoridades emecistas, fueron los vecinos de Casa de Gobierno, comerciantes de la zona y, por supuesto, los policías que pretendían contener la protesta.
Mucho se habló en su momento que hubo detenidos en estos hechos violentos que, supuestamente, no tenían nada que ver con la manifestación; sin embargo, al dar la información sobre los policías lesionados, los comunicadores lo hacían con frialdad, con indiferencia, pese a que uno de los uniformados sufrió una grave fractura de cráneo y otro perdió un dedo de la mano.
¿Cómo queremos que los policías cumplan con su función de proteger y servir si se les desprecia y agrede? Se habla mucho de las violaciones a los Derechos Humanos de los manifestantes, y desde luego que cualquier exceso de la fuerza pública debe ser condenado y castigado, conforme a la ley, pero acaso los policías no tienen derechos, no son seres humanos también.
Calificar a todos los policías de corruptos, de violentadores, no hace más que echar leña al fuego que genera el “poliodio”, lo que hoy lleva a que, en las escuelas, los niños, al ser cuestionados, ya no quieran ser policías, sino sicarios, y esto explica porque la delincuencia está como está, nosotros mismos nos encargamos como sociedad de abonarle el camino al crimen organizado al referirnos con desprecio a los uniformados.
Si bien es cierto que hay malos policías que se coluden con los delincuentes para cometer todo tipo de delitos, no por unos se debe de juzgar a todos por igual, eso sería lo peor que podemos hacer, más aun cuando no se les dan las herramientas necesarias para cumplir con su deber y ya no hablemos de la falta de armamento, equipo, uniformes o capacitación; porque ni siquiera cuentan, al menos en la mayoría de las corporaciones, sobre todo del ámbito municipal, con un salario decoroso, condiciones de trabajo justas o acceso a una vivienda digna.
Por último, quiero invitarlos a reflexionar por un momento, no en lo que sufre el policía, si es que insisten en verlos como seres sin escrúpulos que, por ridículo que parezca, creen que salen de su casa por las mañanas con el único objetivo de golpear a quien se les ponga enfrente, no, no piensen en ellos, mejor piensen en sus familias que no saben si volverán a su hogar o si caerán en el cumplimiento de su deber, piensen en cómo se sienten de ser vilipendiados por el simple hecho de portar un uniforme, pero, sobre todo, piensen en las personas que salvan a costa de su propia vida y piensen, por un instante, que ustedes podrían ser esas personas.




