Tortas para los tragones
Who’s next?
Ustedes disculparán mi título en otro idioma, pero es que justo esa es la pregunta que pareciera estarse haciendo constantemente el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; cuya traducción al español sería: “¿Quién sigue?", en franca alusión al siguiente objetivo del líder estadounidense.
De sobra, se ha comentado la incursión armada del país de las barras y las estrellas en territorio venezolano, con la misión aparente de capturar al dictador Nicolás Maduro y su esposa, y me refiero de esta forma a la misión porque ha quedado claro que era sólo una cortina de humo para apoderarse del petróleo y otros recursos energéticos, ahora que Trump tiene comiendo de su mano a la mandataria interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, a quien, incluso, acusan de haber puesto en bandeja de plata al sucesor del Chavismo, con la complicidad de su hermano Jorge.
Cierto que en los discursos Rodríguez ha sido retadora y nacionalista, pero en los hechos no sólo ha accedido a dejar libres a presos políticos, sino que además existe una versión no confirmada de que ella misma donó una importante cantidad en su momento a la más reciente campaña de reelección de Trump.
Pero ahora, la desmedida sed de poder del mandatario norteamericano apunta a otras naciones como Groelandia, un territorio perteneciente a Dinamarca, que luce como un suculento platillo energético para quien quiere devorarlo todo a su paso, aun a costa de enemistarse con la OTAN, porque para eso son el, autoproclamado, país más poderoso del planeta.
Ya a estas alturas el pretexto es lo de menos, así como en su momento fueron las armas de destrucción masiva de Irak o ahora el narcoestadoterrorista de Maduro en Venezuela, Trump está dispuesto a llegar hasta sus últimas consecuencias con tal de seguir sumando victorias militares, que, irónicamente, espera le den, entre otros beneficios, el Premio Nobel de la Paz, ese que la misma María Corina Machado ha ofrecido en tributo al presidente de EU, con tal de que le dé su anuencia para gobernar Venezuela.
Y es que las opciones para la Unión Americana son muchas, ya sea construir un complejo turístico y residencial en la Franja de Gaza (no es broma, el mismo Trump lo anunció); objetivos estratégicos en Colombia o Cuba, o cazar capos del narcotráfico en México... No importa, se trata de doblegar, conquistar o, en su defecto, hacer que se arrodillen a punta de arancelazos como lo ha intentado ya con el gigante asiático China, aunque tanteando siempre el terrero, porque, en el fondo, está consciente Trump de que Estados Unidos necesita más de los chinos que ellos de su país, aparte de que en una confrontación directa se sumarían a los asiáticos, muy probablemente Rusia y Corea del Norte.
¿Hasta dónde llegará Trump? No lo sé, pero, como dice el dicho: "El valiente vive hasta que el cobarde quiere". Y cada vez son más las naciones inconformes con el mandatario norteamericano, cada vez menos sus aliados y sólo de una cosa puedo estar seguro en este momento... No me van a renovar mi visa estadounidense después de esta columna, pero al cabo que no quería.




