Descomplicado
“El valor de un abrazo”
Es Navidad, época que, más allá de su origen religioso o su desmedido afán comercial, nos permite, en mayor o menor medida, compartir momentos con nuestros seres queridos y, en otros casos, sólo por compromiso, pero, al fin y al cabo, es pretexto de reunión.
Con un origen más enfocado en frenar el desmedido mercantilismo que en llamar, verdaderamente, a la reflexión y las muestras de cariño, la Profeco sacó alguna vez el lema "regale afecto, no lo compre" (además de un pegajoso jingle para promover su número de atención al consumidor que, hasta la fecha, resuena en mi cabeza... "si usted quiere comprar mucho mejor, utilice este servicio por favor, 5, 6, 8, 8, 7, 22").
Hoy es justo esa frase la que me lleva a reflexionar en el porqué de que la Navidad se haya convertido en una competencia para dar obsequios, que entre más caros, supuestamente, más estimación representan, siendo una ilusión, porque el costo del regalo nada tiene que ver con el significado o aprecio que realmente representa.
Sin embargo, hemos olvidado el verdadero valor de un abrazo, el valor real, no sólo como un compromiso que cumplir en estas fechas, sino como una verdadera expresión de amor, de afecto, de empatía.
Un abrazo representa el unir corazones de manera simbólica, estrechando lazos afectivos, reafirmando el aprecio mutuo y hasta sellando la promesa de amor eterno, en el caso de los enamorados, aunque muchas veces no se necesita ni siquiera conocer a quien recibe o da un abrazo, un ejemplo de ello es “Abrazos Gratis” un movimiento social que involucra a personas que ofrecen abrazos a extraños en lugares públicos. La campaña en su forma actual fue iniciada en 2004 por un hombre australiano conocido por el seudónimo de Juan Mann. La campaña se hizo famosa internacionalmente en 2006 como resultado de un video musical en YouTube de la banda australiana Sick Puppies.
Posteriormente, el movimiento internacional Scout retomó esta esencia con “Abrazos Gratis Por la Paz”, un proyecto de la patrulla Águilas Arpías, con sede en Caracas, Venezuela, para dar tranquilidad y paz, además de transmitir afecto a las personas que lo necesitan y que estuvieran dispuestos a recibirlos.
El valor de un abrazo se puede definir con dos sencillos factores, quién lo da y con qué intención, porque recibir un abrazo, en el momento que más lo necesitamos, nos puede cambiar no sólo el estado de ánimo, sino que hasta puede salvarle la vida a alguien que está pasado por un momento difícil.
No sé ustedes queridos lectores, pero los invito a que en esta temporada no seamos tacaños pero con lo que en verdad cuenta, no con cosas materiales, sino con las expresiones de afecto para las personas que más nos importan, que son quienes, precisamente, más los van a valorar. Pero que sean abrazos sinceros, francos, que nos permitan conectar, coincidir, transmitir en ese gesto un “te quiero”, un “me importas”, un “cuentas conmigo”.
El verdadero valor de un abrazo puede parecer intangible, pero en realidad, puede trascender más allá de lo imaginable, porque cuando dos almas se abrazan, realmente no se sueltan jamás.




