Elección de 2027 por venir: un reto institucional
Durante años nos dijeron que la educación era una de las grandes llaves para cerrar las brechas de desigualdad. Que estudiar, prepararse y obtener mejores grados académicos abriría las puertas a mejores empleos y, con ello, a mejores ingresos.
Pero hay un dato que obliga a cuestionar esa idea.
En México, tener más estudios no elimina la brecha salarial entre mujeres y hombres. De hecho, entre quienes cuentan con un posgrado, la diferencia en los ingresos alcanza 25 por ciento de acuerdo con información de la ENOE (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo) del INEGI correspondiente al tercer trimestre de 2025.
La educación puede aumentar las oportunidades, pero no garantiza igualdad salarial.
Las mayores brechas están precisamente en los extremos educativos: 22 por ciento entre quienes tienen primaria o menos y 25 por ciento entre quienes cuentan con posgrado.
Otro factor interesante es que entre las personas sin hijos, la brecha salarial es de 9 por ciento; entre madres y padres aumenta a 17 por ciento. Y cuando se combinan maternidad y trabajo de tiempo parcial, llega hasta 30 por ciento. Además, mientras más responsabilidad implica un puesto, la brecha también puede crecer.
La brecha salarial no es un problema individual de preparación. Es un problema estructural porque estudiar más, no garantiza que la desigualdad desaparezca.
En 2025, apenas el 2.4% de la población mexicana de 15 años y más tenía estudios de posgrado, de acuerdo con el Banco de Indicadores del INEGI, en el ciclo 2024-2025 había 478,382 estudiantes de posgrado en México.
La falta de empleo mejor remunerado, ascensos, y mayores condiciones favorables, son motivos para que las y los mexicanos decidan no continuar con la educación después de la licenciatura, aunado a que los programas de posgrado en costo no son accesibles en nuestro país.




