Doble ciudadanía, derecho a ser votado
La diplomacia en tenis
Un político atípico de dos metros de altura, enfundado en unos tenis blancos, rompió el protocolo durante la cumbre de la OTAN en Ankara. El primer ministro de Albania, EdiRama, posó en la foto oficial con traje formal y tenis blancos. Mientras los líderes esperaban para la foto, Rama bromeaba con Emmanuel Macron sobre sus estaturas, cuando Rutte interrumpió para llamar la atención sobre el calzado. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intentó burlarse del calzado compartiendo el comentario con Donald Trump, pero el presidente estadounidense ignoró el gesto.
Después se sabría que Edi Rama, es un exjugador profesional de baloncesto, conocido internacionalmente por usar traje y tenis blancos en cumbres políticas.
Lo que parecería un gesto espontáneo abrió el debate sobre los códigos en la diplomacia internacional, pues el acto se interpreta en dos sentidos:
El gesto puede verse como un símbolo de los nuevos tiempos en la diplomacia blanda, que permite relajar momentos de alta formalidad como las cumbres de jefes de estado, sobre todo cuando hay tensión geopolítica, fundamentalmente por conflictos bélicos.
Por otro lado, expertos también pueden interpretar ese tipo de conductas como actos de rebeldía, inconformidad o no compatibilidad con la política exterior de alguna nación.
El hecho nos permite recordar casos que quedaron marcados en la historia por gestos de diplomacia que no resultaron del todo bien.
Un ejemplo es el regalo del botón de: Reinicio, (2009). Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia estaban fracturadas tras la guerra ruso-georgiana de 2008; la secretaria de Estado, Hillary Clinton, le regaló a su homólogo Serguéi Lavrov un botón rojo impreso con la palabra: Peregruzka, el problema es que los diplomáticos estadounidenses erraron la traducción y en lugar de escribir la palabra: Reinicio, (perezagruzka); escribieron: Sobrecarga, desatando risas conjuntas.
Otro caso que quedó para el anecdotario fue el conflicto de los aretes de Madeleine Albright, (1994). Sadam Huseínllamó a la embajadora estadounidense ante la ONU, Madeleine Albright, una: Serpiente incomparable, tras la Guerra del Golfo. En su siguiente reunión sobre Irak, Albright apareció usando un broche en forma de serpiente, inaugurando su famosa diplomacia de los broches, usando joyas de insectos o globos aerostáticos según el clima de la negociación.
En un sentido más sofisticado, los gestos que parecen inofensivos, pueden tener de fondo -inclusive- el uso de información de inteligencia.
Por ejemplo, las relaciones entre Rusia y la Unión Europea pasaban por un momento complejo respecto al suministro de energía. Angela Merkel, recién llegada al poder, mantenía una postura muy firme frente al Kremlin. Merkel tenía una fobia severa a los perros. Pese a que el equipo diplomático alemán había solicitado formalmente a los rusos con antelación que no hubiera animales presentes durante las citas, en una reunión bilateral en la residencia oficial de Sochi en 2007, el presidente Vladímir Putin hizo ingresar a la sala a Koni, su enorme perro labrador de color negro; el líder soviético exclamó: "El perro no te molesta, ¿verdad? Es una buena perra y estoy seguro de que se portará bien". Merkel mantuvo la compostura apelando a su conocida frialdad política, pero más tarde declaró a la prensa de su país un análisis implacable sobre el mandatario ruso: "Entiendo por qué tuvo que hacer esto: para demostrar que es un hombre. Tiene miedo de sus propias debilidades".
En tiempos del Mundial, aunque ya está agonizando el torneo, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, adoptó el uso de tenis blancos con traje formal como su sello de vestimenta característico en los actos oficiales más importantes del fútbol global, pese a que la FIFA está envuelta en polémica de preferencias hacia ciertos equipos o jugadores y de negocios multimillonarios.
Finalmente, el caso de Edi Rama, arribando a la cumbre de la OTAN con tenis blancos, desafiando los estrictos códigos de etiqueta occidentales, se puede interpretar como una rebeldía estética y de estilo, completamente aislada de los asuntos de seguridad, presupuestos de defensa o conflictos geopolíticos que se debaten dentro de la cumbre. Digamos que quedó como un dato anecdótico.